PROTOCOLO DE RIO DE JANEIRO 1942 - INVASION PERUANA AL ECUADOR 1941

De: un nacionalista civil ecuatoriano (nacionalista_e@hotmail.com)

Para: los soldados de mi patria !

Objetivo: Recordar la Tragedia Nacional, para que no se repita nunca !

                 Dar a conocer los actos de valor y sacrificio que realizaron los soldados por nosotros al dar su vida

                 Conocer las Argucias y Cobardías peruanas

(SE RECOMIENDA OBSERVAR ESTE WEB CON INTERNET EXPLORER V 4.0 O SUPERIOR)

FECHA DE LA PRIMERA EDICION : Quito, Ecuador 1 de Diciembre del 2002

FECHA DE LA ULTIMA ACTUALIZACION: 10 de Enero del 2006

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LA AGRESION PERUANA AL ECUADOR DE 1941.

EL IRRITO PROTOCOLO DE RIO DE JANEIRO DE 1942.


CUANDO LA FUERZA SE IMPONE A LA JUSTICIA ! .

CUANDO UN PAÍS PRETENDE NO TENER FFAA .

 

 

ANTECEDENTES

 

Remontémonos a los años 1940 (segunda guerra mundial)

Las tendencias imperialistas del Perú y su mentalidad tipo "país de eje" hacían que los destacamentos peruanos de tierra y mar se movilizaran hacia el territorio ecuatoriano en continuos actos violatorios de nuestra Soberanía ecuatoriana, hechos que tenían por objeto no solo provocar sino el de abarcar la mayor extensión posible de territorios ecuatorianos por medio de la fuerza.

Grandes concentraciones de tropas acumulaba el Perú en su frontera y dotaciones de tanques de guerra y más equipos bélicos en Piura, Paita, Túmbes y Talara, lo que evidenciaba una inminente agresión a nuestro país.

Recordemos la mentalidad expansionista, autárquica de los países del eje del aquel entonces que exigian el "espacio vital" que ellos necestaban, Ej: 

Alemania primeramente invadió Polonia y otros paises.

Japón invadió China

Italia invadió Grecia.

Rusia aspiraba a dominar el Sur de Finlandia y la pequeñas repúblicas bálticas,

etc.

El expansionismo peruano atizado en los militares por el ejemplo japonés y nazi lanzó una ofensiva contra Ecuador en julio de 1941.

La diferencia del tiempo presente del Perú con aquellas potencias, es que el Perú no hizo conciencia de lo equivocado de sus actos (como lo reconocieron luego y pidieron disculpas las nuevas generaciones alemanas, japonesas, italianas, etc., que les hicieron devolver o devolvieron los territorios ocupados).

El Perú al Ecuador no le devuelve el territorio usurpado.

 

MOTIVACION DEL PLAN DE INVASION

El plan de invasión peruano estuvo motivado en los siguientes aspectos:

1.— A la sistemática política ejercida por los gobiernos del Perú para usurpar de manera periódica el territorio del Ecuador, tratando de revivir el territorio del Tahuantinsuyo, afán imperialista que estuvo apoyado por las dictaduras existentes en dicho país en casi la mayor parte del tiempo de su vida republicana.

2.— La penetración peruana se orienta al despojo del Oriente ecuatoriano por el interés del invasor en el apoderamiento de una vasta región petrolera, que aunque inexplotada conocía esta riqueza el vecino país del sur desde el año 1925.

Por esta razón es posible calificar a la invasión de 1941 como una guerra motivada por la codicia del petróleo.

3.— A las consignas totalitarias de las potencias del Eje que lucharon contra las democracias, interesadas en abrir un frente de guerra en América que pudiera degenerar en una sangrienta contienda de los pueblos del sur de los Estados Unidos de América, nación que intervenía activamente en la Segunda Guerra Mundial, como así se pudo constatar a través de los acuerdos comerciales entre Perú y Japón, y los repetidos arribos de buques japoneses a Talara que descargaban parques militares, consistentes en armas modernas y pesadas, lo que sirvió para consumar la agresión.

(Recordemos que los japoneses en ese entonces mantendrían una guerra con USA iniciada en Pearl Harbor; Es decir los Peruanos les brindaban de alguna manera ayuda a los Japoneses, a cambio de que soldados Japoneses participaran belicamente en contra del Ecuador.

Tal vez por esto..... pondrían posteriormente los norteamericanos una base en militar de vigilancia en Galapagos....? (por el peligro Japonés, no por ayudar a los ecuatorianos). Una base que no querían desocupar después de acabada la segunda guerra mundial, Y cuando por fin la desocuparon lo hicieron después de destruirla físicamente con tractores. (Espero que no suceda igual con la Base de Manta)

Ahora comprendo que los peruanos son una mutación fiera de Japoneses e Incas, pero bueno, continuemos, )

5.— A la invitación del Gobierno del Brasil  al Gobierno del Ecuador a una conferencia amazónica; el Perú protesta porque no reconoce derechos ecuatorianos en la Amazonía. Jul. 5/23 - Peruanos inician invasión del Ecuador atacando El Oro. 

(El Tratado Tobar-Rio Branco 1904 es un tratado entre Brasil y Ecuador, que reconoce la vecindad amazónica entre Brasil y Ecuador del aquel entonces) 

6.-- Aprovechar de que el mundo estaba centrada su atención en la Segunda Guerra Mundial.

 

LA PROVOCACION ARMADA.

El Perú comenzó sus hostilidades que lesionaron la dignidad nacional, con los siguientes hechos:

1.— La incursión de cinco aviones de guerra en suelo ecuatoriano el día 27 de mayo de 1941.

2.— Sorpresivo ataque armado a la población civil del sitio Bramador; y,

3.— Ataque armado del ejército peruano sobre el débil destacamento militar ecuatoriano de Rancho Chico, el día 23 de junio de 1941.

Tales hechos constituyeron actos hostiles y de provocación que, a más de lesionar la soberanía nacional, el honor y la conciencia ecuatoriana, resultaron un incalificable atropello al Derecho Internacional Público Iberoamericano.

 

SITUACION MILITAR DEL ECUADOR DURANTE LA INVASION PERUANA DE 1941

( 30 000 (treinta mil) militares peruanos contra 2 000 (dos mil) militares ecuatorianos )

En la invasión peruana a nuestro territorio, ocurrida en julio de 1941, se confirmó una vez más el valor del soldado ecuatoriano, con la ejecución de hechos heroicos, cuyos detalles son todavía poco conocidos. Si el enemigo logró penetrar en nuestras provincias de El Oro, Loja y el Oriente (Amazonía), no fue luchando equilibradamente ni menos por falta de valentía de sus defensores, sino por otras circunstancias ajenas a su inquebrantable decisión de no permitirle el paso. Una de ellas fue la confianza que se le tuvo al Perú, pensando que este respetaría el último tratado de Paz firmado con el Perú, por lo que estuvimos desarmados.

Entre ellas (circunstancias) se puede anotar ligeramente el escasísimo número de nuestros soldados en la frontera, y la inferioridad notoria de nuestros elementos bélicos, frente a un ejército grande en número y poderosamente armado. 

  Además es indispensable anotar que en ese entonces, el Ecuador prácticamente no poseía una Aviación Militar adecuada, ni en aviones modernos,  ni en cantidad de pilotos, ni en cantidad de aviones. Prácticamente la aviación ecuatoriana era nula.

 Los ecuatorianos teníamos muy pocas municiones.

 Al momento de iniciarse la guerra Perú es militarmente mucho más fuerte que Ecuador. El ejército peruano tenía 30000 efectivos bien armados y entrenados frente a los 2000 soldados ecuatorianos los cuales, en su mayoría estaban en Quito protegiendo al gobierno Ecuatoriano de un posible golpe de estado contra la dictadura del presidente de origen guayaquileño: Arroyo. La marina y la aviación militar peruanas tenían dominio total debido a la práctica inexistencia de sus contrapartes ecuatorianas.

Además Perú acababa de adquirir experiencia con armamento de aquella década, ya que tuvo una guerra con Colombia en 1933. Por lo que los militares peruanos estaban fogueados. (El Perú en verdad es un Caín)

( Historia de la Fuerza Aérea Ecuatoriana: La F.A.E surgió a partir de un club de tiradores aficionado que preocupados por un conflicto con Perú deciden enviar a uno de sus miembros a Italia ( El futuro as de la Primera Guerra Cosme Renella) en 1912 y 1913 recibe sus primeros aviones, sin embargo debido a cierto descuido gubernamental, candidez y estúpida confianza en el Perú, para el momento de la verdad en 1941 la Fuerza Aérea Ecuatoriana no fue de ninguna ayuda debido a su gran atraso con respecto al Cuerpo Aeronáutico del Perú. Años mas tarde, terminada ya la Guerra-humillación de 1941 y aprendida la lección la F.A.E emprendió un programa de modernización que la llevo rápidamente a equipararse en equipamiento con la F.A.P y en los enfrentamientos de 1981 y 1995 demostró que ya se había equiparado a la F.A.P llegando a derribar en el año 1995 en Combate ereo tres aviones de la F.A.P. )


Los peruanos compensan su falta de hombria con su armamento bélico, siendo montoneros y numerosos. Los ecuatorianos compensamos nuestra falta de armas, numero de población CON NUESTRAS AGALLAS!

  La situación de nuestro ejército era verdaderamente desesperada, la falta de preparación y el escaso presupuesto no permitía la compra de material bélico, y aunque el pueblo deseaba ir al frente de batalla, no había cómo armarlo, alimentarlo, ni transportarlo. Ante esta delicadísima situación, el Ministro de Defensa Nacional, Crnel. Carlos A. Guerrero -distinguido militar a quien por sus conocimientos militares y dotes de organización se lo había llamado a dirigir el Departamento de Defensa a raíz del desastre fronterizo-, el 27 de diciembre presentó una exposición en la que en algunas de sus partes decía: «...El Ecuador no tiene ejército para la defensa de su soberanía. En Aviación, cero; En Marina, dos cañoneras sin munición: El Presidente Alfaro y el Calderón. La defensa de la costa, nula... La fuerza de infantería no puede ser atendida eficazmente por falta de elementos materiales disponibles... La munición en cantidad estrictamente indispensable, hay que gastarla con rigurosa economía, para que no llegue el momento de quedarnos sin nada... En estos datos, que dan la medida de nuestra tristísima realidad militar.

Ven ecuatorianos, este es el costo de no tener Fuerzas Armadas, por culpa de los cándidos ingenuos civiles ecuatorianos de siempre, que piensan que el tratado de Paz anterior, "ya era definitivo".

 

LA INVASION DEL EJERCITO PERUANO EN EL AÑO 1941.

PRINCIPALES ACCIONES PERUANAS

El 5 de Julio de 1941, a las 11 1/2 am. se inició la invasión del ejército peruano al territorio ecuatoriano, comandado por el General Eloy Ureta, que controlaba un efectivo de 30.000 soldados, de los cuales 15.000 soldados estaban en El Oro cubriendo un frente de cuarenta kilómetros.

En Huaquillas, el batallón ecuatoriano Cayambe, repelió el ataque y rompió la resistencia peruana penetrando kilómetro y medio en territorio enemigo. Este batallón por orden del General Urrutia, del Estado Mayor ecuatoriano, tuvo que retroceder a sus antiguas posiciones. (Otra vez la nobleza ecuatoriana que raya en candidez o idiotez)

 

El ejército ecuatoriano que defendió al país lo componían tan solo 2.000 soldados, de los cuales 1.500 estaban repartidos en varias guarniciones militares de la Provincia de El Oro.

El ejército ecuatoriano defendió tenazmente su suelo, durante veinte días de intensa lucha, con acciones heroicas, deteniendo al invasor que era descomunalmente superior en armas y hombres.

El 25 de Julio de ese año, a las seis de la tarde, como resultado de las gestiones de los Países Mediadores se suscribe el Acuerdo Internacional de Suspensión de Hostilidades, ordenando que los países beligerantes retiren sus tropas fuera del teatro de la guerra.

Ecuador dispuso que sus tropas se retiren de las provincias de El Oro y Loja (Otra vez la nobleza ecuatoriana que raya en candidez o idiotez), mientras el Perú simulando aceptar la suspensión de hostilidades se preparó para violar el Acuerdo, como así lo hizo en abierto acto de traición, aprovechando la desmilitarización de las dos provincias ecuatorianas, desatando criminalmente una parcial acción de guerra, por lo cual el Perú creyó haber conseguido el triunfo militar, y de cuyas hazañas ha creado imaginarias leyendas para convencer al pueblo peruano de que se tomó a la provincia de El Oro derrotando el ejército ecuatoriano, cuando en verdad, las provincias fronterizas se encontraban sin defensa alguna y sus ciudades abandonadas.

Los peruanos se lucieron bombardeando indefensas poblaciones de El Oro, arrojando paracaidistas sin ningún fin tácito y ordenando una violenta ocupación militar con todos sus efectivos de tierra, por cuyos hechos bien podríamos reafirmar que el ejército peruano conquistó el Acuerdo Internacional de Suspensión de Hostilidades, como una ironía más de las acciones de nuestro secular invasor.

Mientras los soldados ecuatorianos rechazaban heroicamente una y otra vez los intentos enemigos de mancillar el territorio nacional, la escuadra peruana intentó bloquear el golfo de Guayaquil para impedir el abastecimiento militar a las provincias del sur, e intentar la toma de la ciudad. Ante esta situación, nuestra escasa y mal dotada Armada se preparó para la defensa y el 25 de ese mismo mes se cubrió de gloria en el Combate Naval de Jambelí, cuando el pequeño cañonero Calderón hirió de gravedad al buque insignia peruano, «Almirante Villar», y obligó a la escuadra invasora a retirarse avergonzada y humillada.

Al día siguiente, gracias a la medición internacional el Ecuador aceptó una tregua y un «alto el fuego», situación que no fue respetada por los peruanos y que por el contrario fue aprovechada por ellos para ocupar tres cantones de la provincia de El Oro

Prueba de la traicionera invasión y rompimiento del Acuerdo Internacional de Suspensión de Hostilidades, la encontramos en los mismos documentos peruanos , y refiriéndose al libro "Las guerras del Perú" del escritor Luis H. Delgado, se encuentra en la página 124 lo siguiente: "El 28 de Julio, por teleclave 981, el General Ministro de Guerra autorizaba al Agrupamiento del norte, avanzar lo más posible en territorio enemigo y el General Ureta decide ordenar la ocupación por medios más rápidos de los nudos de comunicaciones de Machala y Pasaje y asegurar la cobertura del río Jubones".

Esto es en síntesis los antecedentes y resultados de la ‘heroica" invasión peruana cometida a espaldas de los países democráticos y libres atentado contra la conciencia de América y de los países que intervinieron como Mediadores; golpe artero ejecutado contra un país indefenso y pequeño territorialmente. Este drama golpea y debería avergonzar al Perú por violar las esenciales normas del Derecho Internacional.

 

EL 29 DE ENERO DE 1942 Y LA SUSCRIPCION DEL MAL LLAMADO PROTOCOLO DE PAZ, AMISTAD Y LIMITES ENTRE ECUADOR Y PERU.

En el año 1942 se celebró la Tercera reunión de Consulta de Cancilleres en Río de Janeiro, para considerar los graves problemas mundiales derivados del ataque sorpresivo del Japón a Pearl Harbor que habían obligado a los Estados Unidos de América a entrar a formar parte activa en la Segunda Guerra Mundial. Esta reunión se realizó en circunstancias que América también soportó traición y masacre a la usanza japoneza, impuesta por el Perú que había ocupado parcialmente el territorio ecuatoriano.

Concurrió a esta Reunión en representación de nuestro país el Canciller doctor Julio Tobar Donoso, y por el Perú concurrió el Canciller Alfredo Solf y Muró. Instalada la reunión de Cancilleres, los representantes de los países asistentes en vehementes discursos condenaban la agresión japonesa. Lastimero es decir se habían olvidado de la suerte del Ecuador, asunto que no entró a considerarse dentro de los temarios, pero a instancia de algunos Mediadores (Argentina, Chile, Brasil)  interesados en atender el grave problema internacional del Ecuador, insistieron en el sentido de llegar a un acuerdo definitivo y de paz.

 

Para última hora había quedado el problema ecuatoriano-peruano. Se preparaban actos que irrogaban perjuicios al honor nacional. No había una conciencia justa que protestara ante América y los pueblos del mundo de la grave injusticia que se estaba cometiendo contra una nación hermana. Había una miopía absoluta en los Cancilleres americanos, que no se daban cuenta del riesgo au revoir (a la vista), advirtiendo un peligro común para América.

CHANTAJE PERUANO AL ECUADOR

ECUADOR DEMUESTRA QUE AMA A GUAYAQUIL

La presión moral, constituyó un acto de fuerza en esta reunión, cuando el Canciller brasilero Oswaldo Aranha, dirigiéndose al Canciller ecuatoriano, dijóle: "Si Uds. no aceptan este Protocolo, después de cinco días el Perú estará en Guayaquil" (Chantaje peruano al Ecuador).

Y que se pudo esperar del propio Sub-Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, señor Sumnier Wells, que al decir del internacionalista colombiano Jesús María Yépez, a nuestro Canciller le expresó lo que sigue: "Si el Ecuador no firma inmediatamente el Protocolo que se le presenta con carácter de ultimátum, el Perú invadirá en breve plazo al Ecuador y que los Estados Unidos en cuyo favor se invocaba ahora la cláusula de la solidaridad continental estipulada en el acta de Chapultepec no haría nada para impedirlo".

Quedaron como Garantes del Protocolo de Rió de Janeiro de 1942, los siguientes países: Argentina, Chile, Brasil; USA.

América le volteó las espaldas (a excepción de nuestro verdadero hermano CHILE !, pero que era en porcentaje 1 voto en contra de 3) al Ecuador en aras de la solidaridad continental, quedando latente una injusticia que debe ser reparada en aras de la misma solidaridad continental, que tanto se ha alejado.

TRAGEDIA NACIONAL

"EL ECUADOR FÍSICAMENTE HA DEJADO DE SER PAÍS AMAZÓNICO"

USURPACION AL ECUADOR EL 50% DE SU EXTENSION TERRITORIAL

Con el Chantaje de que si no firmaba el Ecuador, Perú invadiría Guayaquil, con amenazas y enredados en los hilos de la diplomacia se llegó al día de la tragedia, el fatal 29 de Enero de 1942, y en el suntuoso palacio de Itamaraty (palacio siempre de mal agüero para el Ecuador, como en 1998) se suscribe el Protocolo de Río de Janeiro, llamado sarcásticamente de Paz, Amistad y Límites. El Canciller ecuatoriano Tobar Donoso, al imprimir su firma al pie del Protocolo, declaró con extremado dolor: "El Ecuador hace un inmenso sacrificio al aceptar los linderos descritos en este documento; pues implica la renuncia del Ecuador a sus más caros derechos amazónicos y legítimas aspiraciones en aras de la tranquilidad continental".

Se nos usurpa 200000 Kms2., aproximadamente el 60% de nuestros territorios de la región Oriental o Amazónica . El tamaño de esta última usurpación es mayor que la extensión territorial del Estado Uruguayo.

(Le "dejan" al  Ecuador,  aproximadamente con el 40% de la selva que tenia antes  y sin salida al rió Amazonas)

El apoderamiento de la Región Amazónica significa el apoderamiento de una Inmensa región petrolera inexplotada todavía. Además rica en minerales, flora y fauna.

A nuestro territorio Amazónico usurpado le bautizan los peruanos con el nombre de "Departamento de Loreto". (Provincia de Maynas) )

Ahora les pido reflexión, y pensemos en la RECONQUISTA DE LO NUESTRO , la RECONQUISTA DEL AMAZONAS!

 

La zona con franjas laterales verdes-amarillas del mapa, corresponde a la CONTUMAZ USURPACION TERRITORIAL cometida por el Perú al Ecuador (año 1942 hasta la fecha).

GRAFICACION DEL DIMENSIONAMIENTO DE LA USURPACION REALIZADA POR EL PERU

 

 

EL CINISMO PERUANO

Poco después, en un alarde triunfalista, la cancillería peruana publicaba un folleto titulado "El Protocolo de Río ante la Historia", en el que se decía:

"Peruano: Puedes estar orgulloso del Tratado de Río porque:

1. El Perú ha obtenido en 1942 que el Ecuador reconozca la soberanía absoluta de Túmbez, Jaén y Maynas;

2. El Perú ha obtenido en 1942 que el Ecuador declare que no es país amazónico;

3. El Perú en 1942 ha obtenido 200.000 kilómetros más que en 1829; ... 70.000 kilómetros más que en el Tratado de 1890;

7. El Perú es el único dueño del Marañón (Amazonas) y posee el curso de los ríos Santiago, Morona, Pastaza, Tigre y Napo, hasta puntos donde no llegó ninguna posesión anterior."

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La Reacción Nacional  Frente a la Mutilación Nacional 

Humillado el Ecuador por la derrota militar y todavía desconcertado por la tragedia de Río de Janeiro, donde su suerte fuera sacrificada en aras del malhadado panamericanismo, el Ecuador se replegó sobre sí mismo y buscó respuestas positivas a su destino. Una de ellas fue la creación de La Casa de la Cultura Ecuatoriana, destinada a rescatar y difundir las creaciones espirituales de la nación ecuatoriana, en pro de afirmar su identidad nacional y su conciencia histórica.

Entretanto, se había iniciado ya el proceso demarcatorio de la nueva frontera con el Perú, donde hubimos de enfrentar nuevamente  las interpretaciones arbitrarias y tramposas del vencedor, que buscaba extender sus fronteras aún más allá de la línea fijada en el protocolo.

Benjamín Carrión, escritor  y promotor cultural ecuatoriano,  en los años 40 dijo "... Nos quitaron la patria que tuvimos. Ahora es preciso volver a tener patria. En todos los órganos y frentes del país y propongámonos ser mejores, más patriotas, más ecuatorianos, más dignos, por el bien y el engrandecimiento nacional, porque solamente así, el tratado del sacrificio y la bandera ecuatoriana que fue arriada en el Protocolo de Río de Janeiro, resurja y flamee con orgullo y dignidad en todos los confines de la tierra..." . (En enero de 1995, con el contumaz triunfo militar ecuatoriano, con la unidad de la patria, cuando el Ecuador tuvo ya "piel", los ecuatorianos comprendimos el significado de "volver a tener patria", por algo tan sencillo como flamear el tricolor y entonar el Himno Nacional a viva voz tuvo significado nuevamente. Recordemos el flamear de nuestra bandera que fue arriada en 1941, el flamear en Tiwintza que jamás pudo ser ocupada militarmente por el invasor peruano).

Actualmente la Casa de la Cultura Ecuatoriana y los descendientes de Benjamín Carrión, ha perdido su orientación y sentir  inicial, pues ha buscado la amistad con los peruanos, ejemplos: se realizan presentaciones culturales de danza, teatro, etc, con los peruchos. (incluso hay un monumento a un peruano en las afueras de la misma)

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REFLEXIONES

El Perú se valió del Chantaje por dos razones:

  1. Siempre el Perú en su codicia ha querido anexar a su territorio a Guayaquil.
  2. (30 de Julio de 1822, La batalla de Tarquí de 1829)

    Recordemos, que en 1822, hubo necesidad de la rápida intervención del Libertador Bolívar, toda vez que el Libertador San Martín venía a Guayaquil a buscar la incorporación de esta ciudad al Perú, hecho que no le fue posible conseguir. Una feliz coincidencia, sin previa cita, resultó el encuentro en Guayaquil de los Libertadores, Bolívar y San Martín, hecho histórico que revistió gran trascendencia en las campañas de independencia. Recuerdo de Aquel encuentro es el Monumento de la "Rotonda."

    Simón Bolívar fue el propulsor del ideal Gran Colombia

  3. El Perú jamás tuvo posesión efectiva de la selva ecuatoriana. Los peruanos como soldados de selva son un fracaso. Por eso siempre han hablado de la PRENDA TERRITORIAL que no es mas que otro chantaje, en la cual se menciona incluso además de tomarse Guayaquil, tomarse la provincia de EL Oro y Galápagos.

La Prenda Territorial es autoria del Gral peruano Edgardo Mercado Jarrín y todo el militarismo peruano la aprueban

 

EL PROTOCOLO DE RIO DE JANEIRO ES INEJECUTABLE

Porque el protocolo en el Art. VII, establece que la frontera regirá: "de la Quebrada de San Francisco, el Divortium AQuarum entre el Río Zamora y el Río Santiago hasta la confluencia del Santiago con el Yaupi".  Y ya en la ejecución de esta parte de terreno, las comisiones demarcatorias comunican a sus gobiernos la imposibilidad de encontrar el Divortium Acuarum entre el Zamora y el Santiago, y más bien la presencia del río Cenepa. Porque en 1947 mediante un estudio aerofotogramétrico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, se demostró que entre los ríos Zamora y Santiago se extendía el Río Cenepa en una longitud de 190 Kilómetros que no había sido considerado en el protocolo.

 

EL PROTOCOLO DE RIO DE JANEIRO ES INJUSTO / NULO

    Porque atenta a la integridad territorial, expresamente señalada desde 1563 y en los demás títulos jurídicos que han confirmado el derecho histórico que tiene el Ecuador e país Amazónico.

    El protocolo no cumplió con algunos de los requisitos que establece el derecho internacional para la validez de los tratados: capacidad de las partes contratantes; mutuo consentimiento causa justa o lícita; objeto lícito y posible; y, habilitación de los agentes signatarios.

    Porque la existencia de la fuerza, de la agresión y de la ocupación fue un hecho real, ya que la coacción se mantuvo durante la aprobación ratificación del Protocolo e inclusive se tomaron prendas territoriales para efectivizar el canje de las ratificaciones.

 

                                ¡ NUESTRO  IDEAL

              POR SIEMPRE EL AMAZONAS SERA!

 

 


 

 

 

RELATOS DE LA GUERRA

PUEBLO Y SOLDADOS DE MI PATRIA

A continuación voy a transcribir el diario y relatos de soldados ecuatorianos, voluntarios ecuatorianos y civiles ecuatorianos durante la invasión peruana. Estas narraciones se enmarcan en la provincias de El Oro y Loja. Esta Recopilación esta en el Libro Pueblo y Soldados de Mi Patria de Guillermo Noboa, escrita en Abril de 1942.  Este libro pertenece a la colección Histórica de la Biblioteca del ejército ecuatoriano (Centro de Estudios Históricos del Ejército.), cuyos sentimientos nacionalistas hacia nuestra patria quiero compartirlos con ustedes. Es un libro de unas 300 hojas. Voy solo ha transcribir una pequeña parte de aquélla valiosa información. En un futuro trataré de hacerlo totalmente, en una nueva página WEB.

Guillermo Noboa

    

 Guillermo Noboa fue un Periodista de fuste, patriota por sobretodo. Soldado voluntario, también él, en la campaña de 1941, en las filas del Ejército y por tanto conocedor del ambiente y su espíritu, Guillermo Noboa no se conformó con los datos de prensa, ni con lo que otros escribieron en crónicas fugaces. Contemporáneo de los hechos, lleno de coraje y -emoción patriótica, hizo algo más profundo y trascendente: buscó el contacto con los ex-combatientes, para conocerlos y escuchar su palabra. En su búsqueda recorrió los barrios de las ciudades. El resultado de su esfuerzo es su libro testimonio (Pueblo y Soldados de mi Patria). Obra desnuda de retórica, donde los hombres se manifiestan tal cual son, con palabras sencillas, por lo regular incorrectas en la forma; enormemente sinceras en su fondo; hijas de sus sentimientos de patriotas cabales. Así pues, quien lea las páginas que siguen deben saber que el libro de Guillermo Noboa no es una novela, Es un reportaje ejemplar y emocionante. Son páginas de vida de ecuatorianos, que muy simplemente y sin alardes cumplieron su deber .

El fragmento que narro a continuación trata sobre jóvenes soldados voluntarios (reclutas) que partieron desde un barrio quiteño a la frontera sur.

 

"Los Peruanos No tienen siquiera el valor de presentarse con su propia bandera"

El avión  peruano NA 50 era el mejor avión de la CAP al momento de la guerra contra el Ecuador.
Avión peruano. El avión  peruano NA 50 era el mejor avión de la CAP al momento de la guerra contra el Ecuador.

.........  Los aviones peruanos volaban sin cesar sobre los destacamentos de Machala, arrojando continuamente sus cargas de bombas. Ventajosamente los aviadores demostraban nerviosidad y mala puntería, y no fue un obstáculo serio para que llegada la noche, los voluntarios avanzaran hasta Santa Rosa. Y antes de aclarar el día siguiente, enfilaban en la plaza principal frente a una casa, recibiendo su jarro de agua de panela y su ración de galletas para continuar la marcha. La falta de sueño, el camino lodoso y otras tantas molestias en el trayecto, no habían alterado el rostro contento de los voluntarios, y su voluntad firme de combatir hasta el último instante. Muchos pobladores curiosos rodearon a la tropa; algunas buenas mujeres les obsequiaban paquetes de comestibles o cualquiera cosa significativa de su simpatía. Varios chinos que durante largos años habían residido en esa ciudad no reparaban en gastos para distribuir a los soldados cigarrillos y fósforos. 

Tomen compalitos, tomen. Nosotros quelemos mucho a ustedes,

- repetían esas buenas gentes, quizás previendo que era necesario una defensa fuerte contra el enemigo nipón (contra soldados mercenarios japoneses) que se hallaba entre el ejército del lado contrario.

 Derrepente se oyeron ruidos de motores.

         ¿Aviones! - gritó un soldado.

Por encima de la ciudad de Santa Rosa, cuatro aviones de bombardeo y cuatro de caza volaron a cierta altura. En las alas enseñaban el tricolor ecuatoriano y al parecer sus movimientos eran de observación. ¿Son ecuatorianos! -exclamaron los soldados. Algunos oficiales sin embargo dudaron de la nacionalidad de  los aviones.

Pero nosotros no tenemos estos aviones, - dijeron sorprendidos.

Quizás hayan adquirido últimamente; ¿no ven la insignia muestra? — insinuó un curioso.

Pero al cabo de un momento, los aviadores asegurándose que su engaño había surtido efecto, arrojaron bombas y metralla salvajemente. Los soldados entonces, dispararon sus fusiles en cargas cerradas. Un avión vaciló en su vuelo y parecía que había recibido algún impacto. Con todo fugó con los demás, después de haber arrojado su carga destructora.

     ¿Cobardes! - exclamó un oficial. ¡No tienen siquiera el valor de presentarse con su propia      

      bandera!

 Unos edificios resultaron destruidos. Una camioneta estacionada cerca del cuartel, quedó volcada en pedazos y Alfonso Valarezo, también quiteño, del barrio de la Avenida 24 de Mayo, que había estado limpiando el motor, salió debajo de un montón de palos rotos, con la cara y el cuerpo entierrados, pero con todos los huesos ilesos. Los únicos que terminaron definitivamente, fueron un puerco de buena ceba y un borrico que pertenecían a un vecino de la ciudad.

 

EN HUAQUILLAS

 

Caminando constantemente por la noche, burlando a los aviones huayruros (peruanos) que a cada momento hostigaban a las tropas de refuerzo, los voluntarios llegaron a la línea de combate.

Valencia, Tapia y Jaramillo fueron distribuidos en el sector de Huaquillas. El Sargento Angel Dávila Chávez comandaba el pelotón

¿Cuidado guambritos con tener miedo! - les ordenó. ¿Hagan lo que les digo, y apunten bien antes de disparar! ¡Nadie se levanta hasta que yo les ordene y ojo al frente!

Las balas de los peruanos caían como lluvia, su artillería no descansaba un momento y los aviones bombardeaban las líneas ecuatorianas a cada instante. Las granadas y las bombas explosionaban levantando huracanes de tierra, pero los soldados ecuatorianos seguían firmes en sus posiciones, Valencia, Tapia, Jaramillo y los demás voluntarios combatían algo nerviosos y los primeros disparos los hacían cerrando los ojos. El Sargento Dávila que estaba junto a ellos lo notó y les infundió coraje

 ¡ Asimismo es al principio! - les dijo; ¡pero a los valientes respeta la bala! ¡De cada cartucho tienen que tumbar uno de esos! Y apunten abriendo bien los ojos! ¡Así como yo! - continuó el Sargento, disparando su fusil con asombrosa sangre fría.

 Los muchachos pusieron en seguida en práctica los consejos del Sargento, manejando las armas con más seguridad. 

Esto si que no lo oí, - murmuró Tapia.

           Yo sí, - replicó Valencia.

Y si no matarnos prolijamente a los del otro lado, ellos nos

 matarán a nosotros, - indicó Valencia en tanto cargaba una

 alimentadora y miraba fijamente las líneas enemigas.

 

¡Y de veras! ¡Qué brutos que somos! - contestó Jaramillo.

 Después de todo, tenemos de morir en donde quiera! Qué

 ca...rambas. ¡Echémosle el resto!

 

¡Ya está! ¡Qué ca...rambas! - contestaron los demás apretando 

los fusiles.

 Las fuerzas peruanas se multiplicaban a cada instante, pese a las numerosas bajas que sufrían. Una hora llevaban de combatir y ninguno de los dos bandos cedía sus posiciones. El tiroteo de fusilería se hacia más intenso, los cañones enemigos retumbaban con más constancia y sus aviones no daban tregua bombardeando la retaguardia ecuatoriana. De pronto, de las trincheras peruanas empezaron a saltar las alambradas, incitados por oficiales extraños que a cada rato recorrían las líneas (soldados mercenarios japoneses). No había duda que se lanzaban al ataque. El choque cuerpo a cuerpo se acercaba. La lucha era visiblemente desigual. Mientras los ecuatorianos contestaban los fuegos sólo con fusiles y paraban el golpe en la proporción de uno a veinte, los peruanos aumentaban sus cañones de todo tipo, redoblaban sus tropas, apoyaban sus ataques con aviones y derrochaban ostensiblemente las municiones. Pero nada de eso perturbaba la serenidad del soldado ecuatoriano; su puntería no fallaba e iba sembrando de cadáveres las líneas enemigas. Muchos quedaban enredados en las alambradas, otros avanzaban pocos pasos para caer de narices besando el suelo ecuatoriano que trataban de usurpar y hasta se notó que varios se escurrían por los chaparrales eludiendo el combate.

 Jaramillo, Valencia, Tapia y los otros enrolados, peleaban ya como veteranos. Sus caras empolvadas en mezcla con el sudor sucio, no denotaban cansancio, menos miedo. Al contrario, apretaban los dientes con ansias de empujar al invasor. Serenamente disparaban de tiro en tiro procurando siempre hacer blanco. El Sargento Dávila, con el semblante endemoniado y negra la cara por los fogonazos de los disparos, seguía dándoles valor y arrojo. 

¡Cuidado con retroceder guambritos! - les decía. Preparen las bayonetas, ¡y si nos toca el turno de morir, primero hay que matar lo que se pueda de esos bichos! - continuaba enseñando a los invasores.

Era asombroso que un puñado de ecuatorianos mal armados, sostenían por más de dos horas a un enemigo inmensamente superior y con todas las armas. Pero las bajas empezaron también en el campo del Ecuador. Un pequeño sector de sus escasas tropas principió a retroceder, y los usurpadores se apresuraron a meterse como cuñas por ese lado. El momento era decisivo. Dependía sólo de un movimiento para que los invasores arremetan desequilibrando la defensa ecuatoriana.

 Y en ese instante de inminente peligro, el Subteniente Vaca se paró frente a su reducido destacamento. Despojóse con rapidez de su guerrera arrojándola lejos, y haciendo sus manos como garras rompió con furia su camisa, enseñando al enemigo su pecho desnudo.

 ¡Peguen aquí mi...serables! - gritó dirigiéndose a los peruanos.

 ¡Disparen como les de la gana, que aquí estamos los ecuatorianos! -

 y dando un violento giro llamó a su lado a sus soldados que

 ya retrocedían.

           ¡Adelante muchachos! - les dijo con energía. ¡Mostremos lo que

somos los ecuatorianos!

 Fue suficiente esta voz para que los soldados cogidos por inigualado pundonor y amor a la Patria, volvieron sobre sus pasos y se batieron como fieras.

 Los peruanos caían “como tierra” (palabras de los soldados que combatieron) y los que quedaban regresaban con premura a sus trincheras. Las bayonetas estaban tintas de sangre y los ecuatorianos tenían que avanzar sobre un campo de restos humanos y heridos que daban quejidos de dolor.

            ¡Adelante muchachos! - gritaba a cada momento el Teniente

           Segundo Vaca.

            ¡Carguen duro guambras!- apoyaba el Sgto. Dávila. ¡De frente

           guambras!

 Y proseguía; y ya estaban sobre las trincheras enemigas; ya estaban cerca de una pieza de artillería que los peruanos habían abandonado; ya trataban de cantar el himno patrio ante el usurpador vencido; pero en ese instante, un toque de corneta les ordenó regresar a sus primitivas posiciones. Qué había pasado? ¿Quién era el que disponía que no culmine con el triunfo? Era la voz del respeto a los tratados acordados entre los Gobiernos; era el respeto a las leyes internacionales; ¡era el Quijote que aún vive en este Ecuador tan noble!

 El Teniente Segundo Vaca recibió un mandato superior para que vuelva a su puesto, porque había pasado con sus tropas la línea del Statu Quo...!

.

EL HEROISMO ECUATORIANO Y LA BARBARIE PERUANA

(ACTOS HEROICOS SUICIDAS ECUATORIANOS POR NOSOTROS)

(En la Frontera Sur, cercanías a Puerto Bolívar)

 

Una ligera calma había en el frente. De vez en cuando sonaban disparos aislados. El combate de la víspera había dejado dolorosas huellas. Cadáveres abandonados todavía aquí y allá entre los matorrales. Pedazos de uniforme desparramados por todas partes; fusiles rotos clavados en el suelo, jarros aplastados, zapatos inservibles y aún restos humanos que horrorizaban, eran los despojos palpitantes de unas horas de fraticida lucha provocada por el invasor (peruano).

Hasta los ceibos, los algarrobos y otros árboles que antes se erguían con todas sus hojas, tenían las ramas desgajadas, los troncos hundidos en astillas por las granadas de la artillería enemiga, y de trecho en trecho se veían huecos como bocas de volcanes dejados por las bombas invasoras. Y hasta la naturaleza parecía que repudiaba este espectáculo de desolación, porque en el cielo sólo habían nubes negras de tempestad, y el sol permanecía oculto esquivando poner de relieve tanta miseria y tanto dolor traídos por la ambición imperialista de un país que aún proclama la democracia en la América.

Pero echemos una mirada a nuestro frente. Los soldados estaban otra vez en sus puestos con el ojo avizor y con el fusil listo. De mano en mano se pasaban un poco de pan duro, unas rebanadas de queso guardado y pedazos de raspadura. Era poco el alimento para veinticuatro horas de constante atención guerrera, más esto no desalentaba en nada su moral. Luego vendría el relevo, y en la retaguardia había comida caliente y confortadora.

¿No ha caído ninguno de ustedes? - dijo paternalmente el Sargento Dávila dirigiéndose a los voluntarios.

Todos estamos completos mi Sargento, - contestó Tapia saboreando un pedazo de pan.

¿ Y no se asustaron de la chamusca?

Al principio un poco - contestó Valencia.

Asimismo se empieza, - repuso el Sargento con una calma admirable. Después verán que eso de dar bala o que le den no es nada. Lástima que siempre tenemos que pelear por lo menos uno contra diez, porque esos "huayruros" (peruanos) no son capaces de enfrentarse de hombre a hombre y con armas iguales.

¡Tienen miedo, guambritos! ¡Tienen miedo! - añadió el veterano haciendo una mueca de desprecio.

¿ Y vió mi Sargento los que se arrojaron adelante?

 

¡Ah! Sí. Son los japoneses. Esos están desde que les empujamos en las primeras chamuscas; pero ni a ellos les tememos de hombre a hombre. ¿Por qué razón? ¿Lo que hay es las armas que tienen, y de resto? Phs!.

 

Bueno guambras. Ahora hay que estar alerta, porque veo que están preparándose para volver al ataque. Portaránse bien, para cuando vuelvan digan a sus familias: ¡Así combatimos!

 

¿Pero volveremos mi Sargento?- preguntaron los muchachos.

¡Pero claro! ¡Ya verán! - respondió el veterano.

 

Todo ese día no hubo ningún cambio en las líneas de los combatientes pero en el campo peruano, se divisaba que los refuerzos llegaban continuamente. Sus trincheras estaban tupidas de gente. Tejían incesantemente alambres de púa, situaban morteros por todas partes, y aún en algunos puestos se veía claramente que colocaban cañones pesados. Sus preparativos bélicos eran corno para atacar a un enemigo diez veces superior.

 

No así en el frente ecuatoriano. Sus soldados destacados allí, únicamente corno una muestra de soberanía, apenas contaban con fusiles y unos pocos tiros por cada hombre. Nunca creyeron que tan cobardemente fuesen atacados, y sólo se mantenían firmes en sus posiciones por ese valor inagotable del ecuatoriano y por su acendrado amor a la Patria.

 

La tarde parecía más larga, pero pasó sin novedad aparentemente. Al entrar la noche se oyó un cañonazo; después algunos disparos de fusil y nada más; pero cuando el nuevo día empezaba, las dos de la mañana más o menos, los reflectores peruanos enfocaron la línea del pequeño destacamento ecuatoriano. Luego, como a una señal convenida, sonaron intermitentes ráfagas de metralla y fusilería, tronaron los cañones y un infierno bélico se destapó en el lado enemigo.

 

Los ecuatorianos contestaron los fuegos lentamente y cuando tenían seguridad de hacer blanco. La lucha siguió recia y sin descanso hasta cuando clareó el día. Los aviones invasores entonces aparecieron velozmente y se situaron en posición de arrojar su carga mortífera. Era un combate de una desigualdad absoluta. Miles de peruanos llenaban inmediatamente las bajas que sufrían, en tanto la escasa compañía de ecuatorianos que no llegaba ni a trescientos, no cedía un paso; ¿pero qué podía hacer a la larga ante fuerzas tan inmensamente superiores?

Con todo, nadie protestaba. Cada soldado ecuatoriano era un león, un héroe resucito a dejar su cadáver en su querida frontera. Tropas formadas por hombres de rostro amarillo y con los ojos rasgados (japoneses), fueron las primeras en saltar de las trincheras peruanas, para avanzar en masa. El fuego ecuatoriano les infligía numerosas bajas, pero no conseguía detenerles. Seguían siempre avanzando.

 

El Teniente Vaca tomó entonces una resolución suicida, pero demostrativa de un valor incomparable. Salió de su sitio con un puñado de hombres y se enfrentó furiosamente con los usurpadores. Lucharon con Sin igual denuedo con bayonetas y machetes. Mataron infinidad de invasores, y al fin, uno a uno fueron cayendo, y hasta él mismo desapareció entre un grupo de ‘huayruros’ que lo arrebataron a sus líneas a culata limpia.

 

De ese puñado de héroes ecuatorianos quedaban sólo unos pocos heridos, que fueron rematados cobardemente, villanamente punzándoles las bayonetas en los ojos, o ensartando en sus armas los intestinos después de abrirles el vientre. Esta era la más salvaje muestra de su ilimitada cobardía; era la más patética prueba de que no eran soldados de verdad, sino hordas de bandidos que jamás se hubieran atrevido a atacar a un contendor igual.

 

Mientras tanto en su flanco, el Sargento Dávila con los suyos disparaba sin tregua. El enemigo se venía encima como una avalancha incontenible. Los aviones seguían bombardeando a los últimos ecuatorianos. Jaramillo, Valencia, Tapia y otros se encontraban entre éstos, sin moverse de sus puestos.

 

Pero derrepente, dejaron de disparar.

 

¿Qué pasó ,muchachos? - preguntóles el Sargento enérgico.

¡Se acabaron los cartuchos mi Sargento! - contestó algo apenado Valencia.

¿Se acabaron? ¡Maldición! - refunfuñó el veterano. ¡Entónces, rápido guambras! ;Agáchense y corran al monte! ¡Es inútil que mueran aquí! ¡Corran ya ca...maradas! - continuó sin dejar de disparar.

¿Pero Ud. mi Sargento? - dijo uno de ellos en tono persuasivo.

¡Maldita sea! ¡Váyanse les digo! - ordenó el Sargento casi irritado. ¡Ya es inútil! ¡Yo me quedo aquí porque así debo terminar! ¡Todavía tengo algunos cartuchos y lárguense o les mato yo mismo!

Los muchachos y algunos voluntarios que sobraban, comprendieron el corazón noble del veterano. Agarraron duro sus fusiles, y casi arrastrándose corrieron al monte cercano. Alcanzaron los primeros árboles, y escondiéndose entre los troncos, regresaron por un instante sus miradas hacia el Sargento. Y vieron como ese León ecuatoriano, se batía por unos minutos, dando bayonetazos con ferocidad y matando hasta caer cernido a tiros por los salteadores peruanos. Prefirió dejar su cadáver en la frontera, antes que ver el suelo de su Patria hollado por las botas del totalitario americano.

Pero sigamos la ruta con los voluntarios. Cumplido su deber después de haber quemado el último cartucho, estos muchachos tornaron diferentes direcciones ocultándose por los árboles y por los chaparrales de la montaña. Jaramillo y otro compañero guiados por un bondadoso montuvio, caminaron por una trocha durante toda una tarde y la noche siguiente, cruzando pantanos y lugares infectados por mosquitos. zancudos y hormigas y sinnúmero de bichos dañinos. La mañana les cogió en las cercanías de Puerto Bolívar, donde notaron que tres aviones les perseguían tratando de impedir su retirada. Jaramillo y sus compañeros entonces se metieron rápidamente en un charco y se hundieron hasta quedar afuera solo la cabeza, ocultándola con ramas para evitar ser divisados por los aviones. Pasado el peligro continuaron su camino. Encontraron una casa de un labriego donde les dieron albergue para secar sus ropas y comer cualquiera cosa. Descansaron hasta el medio día, dirigiéndose después a Puerto Bolívar.

 

La población estaba abandonada. Las puertas de las casas cerradas. No había un habitante ni la menor señal de vida. No se notaba más que un ambiente de tragedia y de soledad, como si todos los pobladores hubieran dejado de existir. Jaramillo y su compañero se sentaron sobre un tronco dejado en una calle. Con las manos sosteniendo las mejillas, contemplaron con tristeza todo ese cuadro desolado y hasta lúgubre, y quedaron como aletargados por un sentimiento insatisfecho de venganza.

 

De repente el ruido de motores anunció que otra vez estaban sobre sus cabezas los aviones peruanos. Inmediatamente se ocultaron en unos bejucales y se pusieron a observar lo que sucedía. Los aviones dieron repetidas vueltas sobre Puerto Bolívar y descendieron ametrallando las casas desiertas o tal vez a un supuesto enemigo.

Paracaidistas peruanos y avión peruano perteneciente al escuadrón de Aviación No 1 en la ciudad de Chiclayo-Perú. (1941)
Paracaidistas peruanos y avión peruano (Caproni Ca.111) perteneciente al escuadrón de Aviación No 1 en la ciudad de Chiclayo-Perú. (1941)  

 

Seguros entonces de que no había nadie, de un trimotor saltaron tres paracaidistas. Los dos cayeron lejos y el tercero en la plaza. Claramente se le vió cómo descendió cari asustado y cargado una ametralladora. Se deshizo de las cuerdas del paracaídas, se paró con presteza y miró por todas partes. Sorpresivamente oyó un ruido en alguna de las casas. Luego algo corno un grito guerrero y no se aguantó más. Corrió desesperado, por una calle, hacia el mar, hasta perderse de vista.

 

En tanto un perrito olvidado por su amo, raspaba insistentemente la puerta de su casa tratando de abrirla, y lanzaba de vez en cuando lastimeros aullidos. Era el único enemigo que ocasionó el susto del famoso paracaidista usurpador.

 

Jaramillo y su compañero, cuidadosamente siguieron hasta la Costa, venciendo no pocas dificultades. Escondiéndose a cada momento escudriñaron los alrededores, hasta que vieron un bote a motor que estaba amarrado allí cerca. Observaron unos minutos y cuando iban a emharcarse para huír, un hombre de aspecto nada vulgar les sorprendió.

 

¿Son soldados ecuatorianos? - les preguntó con seriedad.

¡ Sí señor, venimos desde Huaquillas, - contestó Jaramillo.

Ah! Bueno, - contestó el hombre cambiando su acritud por un tono afable.

¿Si podría llevarnos señor? - insinuó tímidamente el otro.

Ya lo creo; pero rápido muchachos, porque las tropas peruanas están ya cerca, - continuó el señor.

Jaramillo y su compañero no se hicieron repetir la insinuación y se embarcaron en seguida. El señor prendió el motor ‘y el bote enrumbó al norte.

 

¿Entraron a Puerto Bolívar? - preguntó el señor cuando estuvieron lejos.

Sí señor, - contestó Jaramillo.

¿Había gente allí? - replicó el caballero.

Ni una alma.

¿Ni tampoco de los peruanos?

Ni de ellos; pero vimos cómo saltaba un paracaidista, - continuó Jaramillo.

 

Y ambos muchachos relataron la manera cómica cómo el paracaidista peruano huyó con el ruido que metió el perrito que había quedado encerrado en la casa de su amo. El señor rió a toda mandíbula, y añadió:

Si así son éstos. ¡Ah! Qué hubiera estado armada nuestra gente.

 

Y así entre palabra y palabra, navegaron por varias horas, hasta que llegaron a Guayaquil. El señor les obsequió entonces algunos billetes y abrazándoles cariñosamente, despidió a los muchachos, que luego de entregar en el cuartel sus fusiles y de conseguir pasaportes militares se dirigieron a Quito.

 

"El Heroísmo Peruano"

(Entre comillas)

Los pobladores de Macará estaban alarmados. Todos hablaban de la amenaza que el Jefe de las fuerzas peruanas de ese sector había hecho, como venganza de la derrota que el grupo de ecuatorianos les había dado la víspera. Los hombres recurrían apresuradamente a sus escopetas, revólveres, machetes y hasta instrumentos de labranza.

No nos rendiremos así no más. Pelearemos hasta el último, - decían en cada casa.

Los soldados organizaban la defensa de la población, a pesar de que estaban pocos y mal armados. Con todo, vislumbraban alguna esperanza.

El invasor no se hizo esperar mucho. Enormes fuerzas en relación con el pequeño destacamento ecuatoriano, había reunido en la hacienda ‘La Tina", situada al otro lado del río Macará. Cuatro aviones ‘huayruros" empezaron la hazaña. Primero volaron alto, y luego descendieron ametrallando a los civiles, que en vano disparaban sus escopetas. Varias mujeres fueron las primeras víctimas. Después, retumbaron los cañones y morteros peruanos, y sus proyectiles caían destrozando las casas y corrales de la indefensa población.

Poco a poco asomaron los peruanos por los alrededores del frente de Macará. Los pocos soldados ecuatorianos y los civiles contuvieron palmo a palmo el avance del invasor. Los "huayruros" caían, pero eran tan numerosos que no se podía calcular cuántos eran, y a cada momento se acercaban más. Civiles y soldados de Macará empezaron a luchar cuerpo a cuerpo. La defensa era heroica, y sólo se podía ver una bravura indescriptible; pero era imposible sostener por más tiempo.

¿Qué podían hacer unos doscientos civiles armados de machetes y escopetas y un puñado de soldados y voluntarios ya sin municiones, ante tres mil peruanos con todas las armas? Y vino el repliegue. La montaña como en todos los casos de lucha completamente desigual, fue el refugio obligado. Ya sin contendores, los peruanos dieron principio a sus hazañas. Unas cuantas muchachas corrían desaforadas y sin rumbo. Las puertas de las casas fueron derribadas. Se oyeron gritos de angustia y uno que otro disparo. Un soldado peruano tenía agarrado por el cuello a un labriego macareño.

¡Grita viva el Perú! - le dijo amenazándole con el fusil.

¡Viva el Ecuador! - replicó el labriego.

 

Apenas pudo terminar, porque un feroz culatazo en la sien izquierda le dejó sin vida.

Los ‘huayruros rebuscaban por donde más podían y cargaban con mercaderías, aparatos de radio, y todo lo que encontraban de valor. En una casa empezó el incendio. Un peruano se entretenía rociando con gasolina las puertas y la madera de las casas. De una de ellas salió furioso un mozo rollizo, y arremangándose la camisa, se encaró con el incendiario.

¡ Bota el fusil mi...iserable! - le dijo, y ¡vente acá para pelear como hombre, a puño limpio! El peruano se sonrió sarcásticamente y cargó una bala en su fusil.

¡ Ya sé que me vas a matar; pero no seas flojo, acércate! - siguió el mozo.

 

El peruano pareció convencerse y se acercó.

¡Caminá paracasito, para que no te vean tus compañeros! -

volvió a decir el macareño, apretando los puños.

¡Mono infeliz! - murmuró el "huayruro". ¡ Te voy a dar gusto sólo

por hacerte ver que no me asusta el boxeo! - exclamó después.

¡Sí, eso mismo te digo! - replicó el macareño algo sonriente, y se

disponía a la mejor trompiza.

 

¡Ahora sí, arrincona por ahí tu fusil! - le insinuó el ecuatoriano.

Es que puedes llevártelo, - le indicó el peruano.

 

¡Pero para qué diablo! - le commtestó el mozo. ¿No ves que

estamos rodeados por los tuyos?

 

El peruano botó entonces el fusil y se arrojó a la pelea con las manos abiertas

 

¡Así no se pelea avecita mía! - exclamó el macareño.

 

Y rápidamente le asestó un tremendo golpe en la quijada. El "huayruro"

tambaleó un momento pero se repuso en seguida y quizo tomar el desquite.

 

¡ Mono desgraciado! - tartamudeó apenas.

¡Esto no es incendiar nuestras casas! - replicó el macareño. Y

para que veas lo que somos los ecuatorianos cuando peleamos

igual a igual, ¡tóma "Huayrurito"!

 

 

Y le cargó otro terrible golpe en la cabeza, echándole al suelo sin sentido. En seguida cogió el fusil. Unos peruanos que habían visto la lucha, corrieron para apresar vivo al valiente macareño; pero éste como un rayo se tendió en su propio terreno, disparó y templó a un invasor y otra vez disparó. Cayó un peruano más y después otro y otro, hasta contar cinco. El macareño reflexionó que al fin le rematarían, y optó por escurrirse al monte. Los ‘huayruros" le persiguieron, pero sin resultado. El mozo iba agachado y culebreando a las balas de sus enemigos. Cuando ya estuvo un poco distante, se regresó y haciendo una picaresca seña con una mano y el antebrazo de la otra, les gritó:

¡Tómen, hijos dep....iura!.

Y un momento después desapareció lauroso entre los árboles el terrible macareño.

Mientras tanto los pobladores de Macará, hombres, mujeres y niños, salían apresuradamente. Los soldados, los voluntarios y algunos civiles ecuatorianos protegían su retirada con los pocos cartuchos que les quedaban. Allí estaban todavía Larenas, Guano, Rodríguez y Villafuerte. Las casas se incendiaban vorazmente y todo se derrumbaba, destruido. Los palos de las construcciones chisporroteaban y una espantosa humareda invadía por todas partes.

 

 

Y horas después, la floreciente población de Macará, era sólo un montón de ruinas, y sobre sus escombros humeantes, los "heroicos" peruanos libaban complacidos festejando su singular victoria.

 

EL CABO MINACHO

EL CABO MINACHO

 Con la mirada fija al parecer en un punto del horizonte, el Cabo Minacho con su cara prieta por la intemperie, semejaba una estatua apoyando su diestra en un corpulento árbol. Mientras en su rededor, la selva indiferente a todo egoísmo, continuaba enseñando la magnificencia de sus fantasías y de sus exuberantes riquezas. A pocos pasos de allí seguían su curso las aguas del Curaray, vivificando maravillosamente el paisaje y apagando la sed de los abundantes ramajes que corno agobiados por el calor tropical, se agachaban con pesadez.

 A lo lejos, entre el verde-obscuro de los seculares bosques, hacia la orilla del río, se divisaban apenas algunas casitas de paja. El Sol, parecía que se complacía regando toda su luz en la inmensidad de esa prodigiosa naturaleza. De vez en cuando, el insistente y agradable silbido. de algún travieso chirlecrés  daba la impresión de un amigo que llamaba oculto en el bosque. O era también, el grito estridente de alguna lora salvaje que repercutía en la selva, como si anunciara un peligro invisible.

 De pronto, una voz amable se oyó detrás del inmóvil soldado:

 Cabo Minacho ¡Oyes Minacho! - dijo amistosamente, el que se acercaba.

 ¡Ah! Eres tú Quesadá. jVen acá! - contestó cl Cabo sin desapartar su mirada de donde la había puesto

 ¿Qué estás viendo?- pregunté el otro.

 

Noto que allá en el campamento de los peruanos, hay algún movimiento. ¿No te parece?

 

¡Ah! ¿En las casar de paja de allá lejos?

 Si, Quesada.

 Estoy de acuerdo contigo.

 ¿Sabes tú algo?

 Si Pues verás. Esta mañana mientras estaba de centinela, vino

 El Ambrosio en su canoa y me regaló un buen plato de yuca frito que estaba sabrosísima...

 ¡Hombre! ¿Con que sabe el indio preparar tanta ricura?

 Exactamente, Minacho...

 ¿ Y en dónde ha aprendido tanta maravilla?

 ¡Oh! No es maravilla pero sí cuando uno está de centinela. Pues la ha aprendido con Los Misioneros.

 ¿ Los Padres Josefinos?

 Si los Josefinos...

 ¡Hombre! ¿Y qué fregados son estos Padres para buenos. No te parece?

 Claro que sí; pero...

 Bueno... ¿y qué te dijo el Ambrosio?

 Pues eso es lo que te quiero decir pero no me dejas y...

 Bueno... sigue, sigue.

 Pues el Ambrosio me dijo, que hace algunos días había ido a vender algunos cueros a un peruano que vive cerca de Rocafuerte y le oyó decir que nuestras tropas en El Oro habían sido destruidas y que una de estas noches harán lo mismo con nosotros...

 El indio tiene razón Quesada. ¡Lo único que quisiera este rato es tener siquiera cien hombres bien armados, para barrelos a los tíos, estos que a pesar de ser nosotros apenas nueve y ellos pasar de quinientos; han de querer cogermos de sorpresa!

 ¡Pero, no importa, Minacho!

 ¡Claro que no importa un comino! ¡Felizmente ya no cuento con mi vida! ¡Pero no retrocederemos un paso de aquí! ¡Y antes, mataremos a muchos de ésos...! ¿Estás de acuerdo Quesada?

 ¡Vaya Minacho! ¡Ni faltaba más! ¡Tu sabes como queremos a nuestra tierra, a nuestra Patria! ¡Sobre todo aquí en el Oriente!

 Cierto, Quesada. El nombre de este pequeño campamento nuestro, “Tarqui’ me recuerda tantas tradiciones gloriosas, de las que tanto nos enorgullecemos desde la escuela, y... ¿por qué no podemos añadir algún gesto de valor, para que también nuestros hijos y nuestras familias nos recuerden? Y luego... eso de morir por la Patria, oyes amigo, camarada mío, Quesada, me parece tan sublime, que hay momentos que aunque soy un humilde Clase, siento agigantarme, sólo con el pensamiento de que pudiera ser un valiente más, digno, muy digno de mi Ecuador...!

 ¡Quesada! ¿Quesada! ¡Amigo mío!... No es que deliro, sino que siento que en verdad soy un soldado ¡Soldado...!

 Tienes razón, Minacho. Tú siempre nos has dado ejemplo de valiente y nosotros, francamente no quedaremos atrás. ¡Esto si, te lo aseguro Minacho, por el nombre de mi mamacita a la que tanto quiero!

 ¡Muy bien, Quesada! Así debemos ser los soldados ecuatorianos. Jamás echar un solo pie atrás, cuando se trate de defender nuestra Patria. Bueno. Ahora, quédate aquí de centinela con otro soldado, mientras hablo con mi Teniente.

 El Cabo Minacho, entonces, abandonó su atalaya y se encaminó a la casa del pequeño resguardo militar de Tarqui, donde el Teniente Maximiliano Rodríguez, el Cabo Luis A. Minacho y siete soldados, guardaban la posesión de esa preciada región. Tan pronto como se presentó al oficial, el Cabo cuadrose y pidió permiso para hablar: Le refirió luego todas las noticias que había recibido sobre el peligro de un ataque sorpresivo del enemigo. El Teniente sonrió sarcásticamente y al fin, dijo:

 Está bien. Ahora trataremos de honrar dignamente esta bandera tan querida que flamea en esta casa. ¿ Verdad Cabito Minacho?

 Así es, mi Teniente.

 Deje Ud un centinela en el punto que mejor se divise al enemigo según nuestras observaciones, y con los demás cerquemos con empalizadas nuestro resguardo. Es preciso que todos los cartuchos que tenemos hagan merecido blanco.

 ¡Pronto Cabo Minacho! ¡Si nos ha llegado la hora, pues, que sea, pero para morir como valientes!

 ¡ Muy bien, mi Teniente!

 ¿ Tiene Ud. datos sobre el número de los peruanos de allí? -continuó el oficial frunciendo el ceño despectivamente y enseñando el campamento enemigo.

 Sí mi teniente. Por los datos que nos dió el Ambrosio y los que pudimos calcular por nuestros servicios, son quinientos hombres, más o menos...

 Eso es, precisamente. En verdad son pocos, para la resolución que hemos tomado. Bueno. Vamos ¡Adelante Cabo Minacho!

 • Inmediatamente el Cabo dió sus órdenes a la tropa, el oficial se despojó airosamente de su camisa kaki y dando ejemplo de pujanza y decisión, fue el primero en cargar sobre sus hombros gruesos palos para colocarlos formando un cerco alrededor del diminuto campamento. Al caer la tarde, la humilde defensa estaba terminada. Entonces el Teniente Rodríguez, con el tono de un verdadero valiente y de buen ecuatoriano, llamó a sus soldados y les dijo:

 ¡Muchachos! ¡Ustedes no ignoran que el enemigo nos acecha sin descanso para matarnos por sorpresa, como si fuéramos un enorme batallón! Es probable que en esta misma noche hagan esto; ¡pero tengo la completa seguridad de que ninguno de ustedes negará su sangre a la Patria! ¿Están resueltos a cumplir con su deber?

 ¡Sí mi Teniente!!! - respondieron todos con ejemplar valor.

 Esto es lo que esperaba. Muy bien. La noche está ya con nosotros y preparémonos. Tenemos pocos cartuchos. ¡Aprovéchenlos en el enemigo sin perder uno solo! ¡Cabo Minacho! Disponga que-dos hombres queden de centinelas. Usted encárguese de la ametralladora. Los demás conmigo, formemos en el suelo un abanico, en tanto ponemos algo en el estómago. ¡Listos!

 La noche estaba tranquila. No se oía otro ruido que el de las aguas del Curaray que corrían mansamente. O el de algún mono nocturno que de vez en cuando movía las ramas de su escondite. La luz de la luna recortaba la silueta de un. palmera que se levantaba a poca distancia del campamento. Más allá, la selva con sus árboles, formaba un cerco negro semejando caprichosos castillos o las cúpulas de una misteriosa cuidad que se reflejaba titilantemente en el Río. Era un paisaje nocturnal de incomparable belleza. En la espesura, cerca de la orilla dos soldados vigilaban con el fusil listo para disparar. De pronto, vieron algo que se deslizaba por el río hacia donde ellos estaban. A poco notaron que en una canoa. Un instante después, una voz susurró:

 ¡Cabo Minacho! ¡Soy Gregorio...! ¿Dónde estás?...

 ¡Por aquí! - contestó uno de los soldados. ¿Qué hay?

 ¿Dónde está el Cabo Minacho?

 Un poco más atrás en el muelle del campamento; ¿pero que hay...?

 ¡Los peruanos vienen!           

 ¿Por dónde?

 ¡Por el río por la ribera! Voy donde el Cabo...

 Era el leal indio Gregorio que hacía volar su canoa, ocultándose en la sombra del ramaje, para dar un aviso urgente.

 ¡Cabo Minacho! ¡Cabo Minacho! - continuó murmurando.

¿Gregorio? - contesta una voz varonil.

 Sí mi Cabo... ¡Los peruanos vienen por el río por la ribera...!

-continuó el yumbo desembarcándose de un salto de la canoa.

¿Son numerosos? - preguntó el clase

¡Son muchos, todos los del campamento...! ¿ Tienes un fusil...?

¿Para qué?

 Para pelear también yo...

 ¡Mi buen Gregorio! Apenas tengo este revólver; pero tómalo con todos los tiros que dispongo. Felizmente era un magnífico tirador.

 Un momento después, sinnúmero de canoas rodeaban al pequeño campamento. Luego sonó una descarga. Nadie contestó; pero una voz tonante gritó:

 ¡ Ríndanse o los matamos!

 ¿Quién es el que habla con tanta prosa? - contestó el Cabo Minacho.

 ¡Soy el Sargento Panduro del ejército peruano! ¡Ríndanse o disparamos!

 ¡Valiente figura demuestras ser con tanta gente armada hasta los dientes! ¡Somos apenas diez,  valiente Panduro! Pero te despreciamos y allá va la respuesta.

 ¡Muchachos! ¡Fuego!!! - gritó entonces el Teniente Rodríguez.

 Sonó una descarga de los fusiles ecuatorianos y varias canoas enemigas se viraron echando a sus ocupantes en las profundidades de las aguas. Luego se oyó una carcajada y la voz del Teniente volvió a escucharse:

 ¡ Avancen bellas figuras que me dan risa de tanto valor ¡Ja, ja, ja!

 Cientos de ametralladoras contestaron el fuego de los escasos fusiles de los del campamento del “Tarqui”.  El traqueteo de los tiros repercutían infernalmente.

Pasó una hora de lucha, después otra. Los enemigos duplicaban los disparos; ero el diminuto resguardo no cedía. Las canoas iban disminuyendo arrastradas sin piloto por la corriente, juntamente con los peruanos muertos, y los vivos, que a pesar de que eran todavía numerosos, empezaron a vacilar. Más los disparos del resguardo ecuatoriano, también decayeron. Paróse entonces el Teniente Rodríguez y en voz baja, dijo:

 ¡Muchachos! ¡Se nos han terminado los cartuchos! Dejémosles acercarse para terminar haciéndoles blanco con los tiros de mi pistola.

 Usted Cabo Minacho, apenas estén aquí frente a nosotros, ¡agote su ametralladora!

 Y luego levantando orgullosamente el brazo en son de desafió gritó con poderoso acento:

 ¡Muchachos! ¡Viva el Ecuador!

 Un instante después cientos de peruanos rodeaban a los contados e impertérritos soldados ecuatorianos y el Teniente Rodríguez caía cernido por las ametralladoras enemigas.

 ¡Ríndete Minacho! - gritó en ese momento un peruano.

 Ni el Cabo Minacho ni nadie se rinde facineroso! - respondió furioso el Cabo Minacho, disparando su ametralladora y dejando decenas de cadáveres enemigos en su alrededor, hasta que agotadas. sus municiones, cayó también en un charco de sangre que junto a su cuerpo, formó una corona roja, propia sólo de los valientes.

 Habían muerto también cinco bravos ecuatorianos inclusive el leal Gregorio; los demás: los soldados- Raúl Rora, Cristóbal Quesada, Angel Boada, López Díaz y otro, se defendieron hasta el último rato a culatazos, pero agobiados por el número cien veces mayor de los odiados enemigos, fueron hechos prisioneros en la noche del 31 de julio de 1941. Al otro día, después de enterrar a sus muertos, fueron llevados a Iquitos, donde soportaron sin queja la prisión más dura por espacio de siete meses, hasta que por la vía diplomática obtuvieron su libertad.

 Así terminaron gloriosamente su vida el Teniente Maximiliano Rodríguez, el Cabo Luis A. Minacho y otros de sus heroicos compañeros, en el pequeño campamento militar del “Tarqui”, junto al Río Curaray, dejando un hermoso ejemplo de lo que todo ecuatoriano debe hacen por su Patria.

 Para orgullo del Ecuador, las cenizas de esos verdaderos hijos suyos, se guardan con sagrado respeto y cariño, en el Templete de los Héroes, vigilados por los Cadetes del Colegio Militar, esperanza de la Patria.

 

EL UNICO SOBREVIVIENTE DEL PELOTON

 

 

 

 

En la invasión peruana a nuestro territorio, ocurrida en julio de 1941, se confirmó una vez más el valor del soldado ecuatoriano, con la ejecución de hechos heroicos, cuyos detalles son todavía poco conocidos. Si el enemigo logró penetrar en nuestras provincias de El Oro, Loja y el Oriente (Amazonía), no fue luchando equilibradamente ni menos por falta de valentía de sus defensores, sino por otras circunstancias ajenas a su inquebrantable decisión de no permitirle el paso.

Entre ellas se puede anotar ligeramente el escasísimo número de nuestros soldados en la frontera, y la inferioridad notoria de nuestros elementos bélicos, frente a un ejército grande en número y poderosamente armado. Pero nuestro objeto en esta vez, no es entrar en divagaciones que se encargarán de escribirlas con erudición los historiadores, y sólo queremos dedicar una humilde página más a los nuestros que lucharon con el fusil en la mano hasta el último instante, a los que ofrendaron su vida, que es lo más grande que puede dar a su Patria el hombre del pueblo.

 

NOMINA DE ALGUNOS MILITARES ECUATORIANOS MUERTOS EN ACCIONES DE ARMAS EN LA FRONTERA DE EL ORO EN 1941

Capitán     Galo Molina     Muerto en Quebrada Seca
Teniente Carlos A. Díaz     Muerto en Rancho Chico
Teniente Edmundo Chiriboga G. Muerto en Las Palmas
Subtte.G.N.      Gustavo Ledesma Muerto en Quebrada Seca
Sargento 2do   Miguel Noboa Muerto en Alto Matapalo
Cabo 2do     Alberto Almeida Muerto en Chacras
Soldado     Segundo David Narváez Muerto en Huaquillas
Soldado     Francisco Coronel Muerto en Huaquillas
Soldado     José T. Mendoza P. Muerto en Huaquillas
Soldado     César H. Herrera Muerto en Casitas
Soldado     José B. Montenegro Muerto en Quebrada Bejucal
Soldado     Nelson Galarza Muerto en Casitas
Soldado     Segundo Quito Coronel Muerto en Casitas
Soldado     Víctor M. Ruiz Muerto en Las Palmas
Soldado     Gonzalo Araque Muerto en. Arenillas
Soldado     José Herrera Alvarez Muerto en Chacras
Soldado     Jaime Castro Paredes Muerto en Chacras
Soldado     Carlos M. Sánchez Muerto en Chacras
Soldado     Julio César Enríquez Muerto en Corral Viejo
Soldado     Manuel Castro Reyes Muerto en Chacras
Soldado     Félix Alfonso Guerrero Muerto en La Bomba
Soldado     Hugo Leon Torres Muerto en Chacras
Soldado     Juan José Ayala Muerto en Chacras
Soldado     Luis H. López Muerto en Chacras
Soldado     David Caicedo              Muerto en Chacras
Carabinero Humberto Paredes Muerto en Progreso

En las listas presentadas por el Sr. Teniente Coronel Don Juan B. González O., Comandante del Batallón No. 10 "Carchi" en la Plaza de Riobamba, consta como fallecido en acciones de Armas de Chacras, el siguiente personal:

Sgto. 2do  Luis Modesto Tobar
Cabo 2do José H. Herrera
Cabo 2do  José Félix Rosas Chacalán
Soldado   Víctor M. Pérez
Soldado   Mamuel Castro
Soldado   César Virgilio Logroño
Soldado   José Elías Recalde Hidalgo
Soldado   Manuel Mesías Rivera Arce
Soldado   Luis Tomás Delgado López
Soldado   Néstor Espinoza

                           

Se presume que este personal fue sacrificado con el Sr. Tnte. Edmundo Chiriboga.

 

En Guanbillo, pueblo fronterizo, donde prestaba sus servicios como profesora de la escuela la señorita Zoila Esperanza Crespo, quien en los primeros días del conflicto fue evacuada a Arenillas, desde dond había pasado a Machala en pos de la posibilidad de salir a Guayaquil; mas, en esta ciudad fue victimada por la aviación peruana.

Es justo citar el nombre de esta abnegada servidora de la niñez ecuatoriana, que marcó con su sangre un hito más de la agresión peruana.

No se ha escrito aún lo suficiente sobre la participación de la mujer ecuatoriana en los combates de 1941. En el Destacamento El Cruce tuvieron decisiva participación las heroicas "guarichas": María Angulo, María Ayala y María Jara.

Como se manifiesta en el libro del Crnl. Octavio Ochoa es necesario rendir tributo de admiración a la mujer de Arenillas, que mediante un Comité cumplió la misión de buscar recoger y guardar los despojos de nuestro soldados sacrificados en el cumplimiento del deber.

 

COMITE DE SEÑORAS DE ARENILLAS FORMADO

EN 1942 PARA EXHUMAR LOS RESTOS DE LOS SOLDADOS

CAIDOS EN EL ORO EN 1941

 

• Domitila Slnchez vda. de Chérrez

• Isabel Moreno de Balarezo

• Piedad R. García

• Ernestina Balarezo

• Luz María Morán

• América Zaldúa Z.

• Esthela Sánchez S.

• Mercedes Tinoco Aguilar

• Hilda Chérrez S.

 

TESTIMONIO FOTOGRAFICO

 

 

 

 

 

 

ANEXOS: FOTOS DE AVIONES PERUANOS Y LOS RESULTADOS DE SUS MALIGNOS Y COBARDES BOMBARDEOS EN LAS CIUDADES LIMÍTROFES ECUATORIANAS (PROVINCIA ECUATORIANA "EL ORO" )

 

Aviones peruanos empleados por el 28 Escuadrón de Instrucción en los años 40. Foto  tomada en Las Palmas
Aviones peruanos empleados por el 28 Escuadrón de Instrucción en los años 40. Foto  tomada en Las Palmas-Perú.
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Aviones peruanos Caproni 114 y NA.50 del XXI escuadrón de caza siendo abastecidos de bombas.

Aviones peruanos Caproni 114 y NA.50 del XXI escuadrón de caza siendo abastecidos de bombas.

 

Pilotos peruanos del escuadrón 41 frente a un NA.50 dos de estos pilotos asesinos morirían en acción, en Julio del 41.

Pilotos peruanos del escuadrón 41 frente a un NA.50 dos de estos pilotos asesinos morirían en acción, en Julio del 41.

 

Toda la fuerza peruana de la C.A.P fue usada para el bombardeo el 29,30 y 31 de Julio de1941 contra las instalaciones y posiciones ecuatorianas en Arenillas, Santa Rosa, Machala y Puerto Bolívar.

 

 

 

 

 

ANEXO2. DESTRUCCION DE 2 AVIONES PERUANOS NA.50 EN 1941 

ANX2.a  Auto-Destrucción de avión peruano NA.50 por la propia inoperancia y estupidez peruana de siempre.

Aviones peruanos. La escuadrilla de caza 41 de XXI escuadrón de caza fue la unidad más destacada durante el conflicto de 1941, también fue la que mas pérdidas sufrió.
Aviones peruanos. La escuadrilla de caza 41 de XXI escuadrón de caza fue la unidad más destacada durante el conflicto de 1941, también fue la que mas pérdidas sufrió.

El 7 de Julio de 1941 el Teniente peruano Renán Elías volando su NA.50 (XXI-41-2) regreso de una misión de bombardeo con una de las bombas aún colgando del soporte subalar, se le ordenó llevar el avión a mar abierto y saltar, pero al estar ya sobre el mar intentó soltar la bomba agitando el avión con la mala suerte de que la bomba estalló destruyendo el avión y matando a Elías.

ANX2.b  Derribo de 1 avión peruano NA.50 por la Artillería Antiaérea Ecuatoriana

El avión  peruano NA 50 era el mejor avión de la CAP al momento de la guerra contra el Ecuador.

Avión peruano. El avión  peruano NA 50 era el mejor avión de la CAP al momento de la guerra contra el Ecuador.

El 23 de Julio se preparó un ataque masivo del ejercito peruano en la zona desde su base en Matapalo, este ataque debía ser apoyado por la escuadrilla 41, con ataques peruanos a las baterías antiaéreas ecuatorianas de Quebrada Seca y Rancho Grande y por el escuadrón XI de bombardeo (Comandante G'alino) ahora estacionado en Tumbes que atacaría las tropas ecuatorianas en Chacras y Huaquillas, la 72 escuadrilla de información terrestre efectuaría vuelos de reconocimiento. A las 6:45 A.M despegan de Tumbes los 4 NA.50 restantes y a la 8:10 lo hace la XIII escuadrilla de bombardeo. A los 20 minutos del despegue los NA.50 atacan Quebrada Seca, en la segunda pasada de bombardeo el tercer miembro de la formación, Teniente José Quiñones es alcanzado y derribado su avión por la batería ecuatoriana  AA 

Solo quedaban tres NA.50 de los originales 5 aviones de la 41 escuadrilla y cinco de sus siete pilotos.

En 1950 el C.A.P pasó a convertirse en la Fuerza Aerea del Perú.

 

ANEXO3. ILUSTRACION DE ALGUNOS DE LOS AVIONES PERUANOS USADOS EN 1941 CONTRA ECUADOR.

El Agrupamiento Peruano Aéreo Norte lo conformaba un mando unificado de la fuerzas armadas peruans en el norte llamada Agrupamiento Norte al Mando del General Eloy Ureta y con sede en Piura. El Agrupamiento Norte estaba conformado por la 1ra División Ligera del Ejército (Coronel Luis Vinatea), la 8va División Ligera (Coronel Cesar Salazar), una flotilla de seis patrulleros y por el Agrupamiento Aereo Norte. Este último estaba formado por el 11 escuadrón de bombardeo (6 Caproni 310 y 3 Caproni 135) el 21 escuadrón de caza ( 6 caproni 114 y 5 NA-50) la 105 escuadrilla de transporte (3 Ca 111 y un Curtiss) todos ellos basados en Chiclayo excepto los NA 50 que operaron primero en Talara y después en Tumbes.

 

LOS AVIONES PERUANOS DE EL C.A.P

Aviation What-not History

North American NA.50 "Torito" de la 41 Escuadrilla de Caza.

Caproni 310 "Libeccio" del 11 escuadrón de Bombarderos.

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ANEXO4 FOTOS

Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río.

Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río.

Presidente Constitucional del Ecuador (1940-1944).

Abogado. Nació en Guayaquil.

Afrontó la Invasión peruana (1941).

Responsable de la firma del nefasto Protocolo de Río de Janeiro (1942).

Fundó la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Quito (Nov. 1943).

Era casado con peruana.

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Dr. José Maria Velasco Ibarra   «...dadme un balcón en cada pueblo y yo seré Presidente...»   dijo alguna vez: Y lo logró en cinco ocasiones.

Dr. José Maria Velasco Ibarra.

5 veces Presidente Constitucional del Ecuador

la 1ra (1934-1935), la ultima (1970-1972). 

Abogado. Nació en Quito, y murió en Quito en marzo de 1979 .

Declaro en 1960  la Nulidad del Protocolo de Río de Janeiro.

Las Fuerzas Armadas Ecuatorianas recibieron esmerada atención.

Abrió nuevamente la Escuela Politécnica Nacional.

«...dadme un balcón en cada pueblo y yo seré Presidente...», dijo alguna vez: Y lo logró en cinco ocasiones.

Décadas mas tarde, los estúpidos presidentes ecuatorianos: Sixto Durán Ballén y el traidor-cobarde Jamil Mahuad aceptaron la vigencia del Protocolo de Rió de Janeiro, sin negociar a cambio nada.

 

ANEXO5. SITUACION MILITAR DEL ECUADOR DE 1941.
RESPONSABLES: CIVILES Y POLITICOS ECUATORIANOS QUE ILUSAMENTE CONFIARON EN EL PERU Y VOCIFERABAN QUE EL PERU , ERA DIZQUE HERMANO. COMO ALGUNOS INICUOS LO SIGUEN DICIENDO HOY.
POR LO QUE PARA 1941 NO HABIAN ATENDIDO A LAS FFAA ECUATORIANAS.

 

Mientras los soldados ecuatorianos rechazaban heroicamente una y otra vez los intentos enemigos de mancillar el territorio nacional, la escuadra peruana intentó bloquear el golfo de Guayaquil para impedir el abastecimiento militar a las provincias del sur, e intentar la toma de la ciudad. Ante esta situación, nuestra escasa y mal dotada Armada se preparó para la defensa y el 25 de ese mismo mes se cubrió de gloria en el Combate Naval de Jambelí, cuando el pequeño cañonero Calderón hirió de gravedad al buque insignia peruano, «Almirante Villar», y obligó a la escuadra invasora a retirarse avergonzada y humillada.
 

Al día siguiente, gracias a la medición internacional el Ecuador aceptó una tregua y un «alto el fuego», situación que no fue respetada por los peruanos y que por el contrario fue aprovechada por ellos para ocupar tres cantones de la provincia de El Oro y tomarse todo el parque de guerra que existía en dicha provincia.

A pesar de la enorme superioridad numérica y de armamento que presentaban los invasores, los soldados ecuatorianos defendieron palmo a palmo el territorio nacional demostrando su patriotismo, espíritu de sacrificio y heroicidad; pero esto no fue suficiente para detener a un enemigo que se había preparado durante varios años para dar el zarpazo, y poco a poco, a medida que se acababan las municiones, los destacamentos ecuatorianos fueron cayendo en manos enemigas no sin antes ofrecer por la patria hasta su último hombre.

Por fin, tras largas conversaciones, y luego de varias treguas y ceses de fuego -siempre rotos traicioneramente por los peruanos-, se logró «a medias» el definitivo cese de hostilidades, pero el territorio permanecía invadido por tropas enemigas que nunca pudieron vencer a los soldados ecuatorianos en el campo de batalla.


La situación militar ecuatoriana de 1941 era verdaderamente desesperada, la falta de preparación y el escaso presupuesto no permitía la compra de material bélico, y aunque el pueblo deseaba ir al frente de batalla, no había cómo armarlo, alimentarlo, ni transportarlo. Ante esta delicadísima situación, el Ministro de Defensa Nacional, Crnel. Carlos A. Guerrero -distinguido militar a quien por sus conocimientos militares y dotes de organización se lo había llamado a dirigir el Departamento de Defensa a raíz del desastre fronterizo-, el 27 de diciembre presentó una exposición en la que en algunas de sus partes decía: «...El Ecuador no tiene ejército para la defensa de su soberanía. En Aviación, cero; En Marina, dos cañoneras sin munición: El buque Alfaro y el Calderón. La defensa de la costa, nula... La fuerza de infantería no puede ser atendida eficazmente por falta de elementos materiales disponibles... La munición en cantidad estrictamente indispensable, hay que gastarla con rigurosa economía, para que no llegue el momento de quedarnos sin nada... En estos datos, que dan la medida de nuestra tristísima realidad militar, tiene la Junta los elementos de juicio para aconsejar al gobierno el arreglo pacífico del problema o su solución por la fuerza. Porque, en mi concepto, resistirse al arreglo, sería escoger la guerra, con la seguridad de la absoluta derrota... Como soldados estamos obligados a aconsejar la guerra cuando hay posibilidades de triunfo. En caso contrario, es nuestro deber indicar la paz... No podemos atenernos a la eventualidad de impedir, si llegase el caso, un desembarco en Guayaquil... Si estuviéramos en condiciones de hacer la guerra, con probabilidades de llegar a la victoria, es claro que no sería otra la actitud del Ecuador. Pero, en las circunstancias actuales, estoy seguro que no habría ningún militar, ningún soldado que fuese partidario de la lucha armada... Si no se llega en estos días, a un arreglo, (el Perú) va a atacar Guayaquil, empresa para él relativamente fácil de realizar,... tomado Guayaquil, no podría resistir el golpe, peor devolverlo al Perú...» ( La Invasión Peruana y el Protocolo de Río.- J. Tobar Donoso, p. 429).


Con la patria invadida, el Ecuador asistió a la Conferencia de Cancilleres que en los primeros días de enero de 1942 se reunió en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, llevando ante este organismo internacional nuestro sangrante problema territorial.

(Tomado de la Enciclopedia del Ecuador de Efrén Avilés Pino)

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RELATOS DE LA GUERRA

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RECOPILACION DE OTROS LIBROS Y FUENTES PATRIAS

  A continuación vamos a Rememorar un artículo publicado por Humberto Oña Villaroel en su libro "Fechas Históricas", que a través de la palabra, recrea la vida de nuestro Teniente ecuatoriano Cesar Edmundo Chiriboga en los instantes culminantes del conflicto de 1941.

EL TENIENTE ECUATORIANO EDMUNDO CHIRIBOGA    Y

LA BATALLA DE CRACRAS

Ilustración de la Batalla de Chacras. Arriba -> Heroes ecuatorianos. Abajo -> Invasores Peruanos

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DONDE LOS PERUANOS RECONOCEN LA BRAVURA DEL SOLDADO ECUATORIANO Y LE RINDEN HONORES     

   Remontémonos en el tiempo.., a junio de 1941, durante el terrible conflicto bélico con el traidor vecino del Sur (Perú) ; un día sábado a mediados de este mes, un convoy del ferrocarril conducía al personal del Batallón "Carchi" hacia la frontera; en uno de los coches del convoy, asomaba a la portezuela en traje de campaña el Teniente César Edmundo Chiriboga González, que no había descansado, ni reposado después de 48 horas de viaje de Quito a la frontera de El Oro, con la urgencia que el caso requería el Batallón Carchi. Al llegar ocupó los sectores asignados, en el flanco izquierdo de la línea de fuego. El pelotón comandado por el Teniente Edmundo Chiriboga González. tomó sus posiciones en Quebrada Seca; así también lo hacían en sus respectivos sitios los demás repartos de la Unidad; esto ocurría entre el 18 y 20 de julio; a partir del 22 por la noche, el enemigo peruano al mando del general Eloy Ureta, con un efectivo de más de 20.000 hombres, frente a 1.000 ecuatorianos, decidió emplearse a fondo. La noche del 22, hubo agitación en la frontera peruana. Convoyes de tropas afluían a distintos lugares de ella.

Al día siguiente muy temprano, la aviación perucha efectuaba vuelos de reconocimiento.

En las primeras horas de la madrugada del 23, la primera división peruana comandada por Manuel Odría, inició un fuerte ataque en el sector de Huaquillas y Chacras; siguieron las acciones hacia el sur y se combatía intensamente en Quebrada Seca y otros sitios; los soldados ecuatorianos manifestaron su valor y heroísmo, aunque a veces tuvieron que ceder terreno en vista de la superioridad numérica de elementos del enemigo. El 24 fue el día de prueba, el Perú reinició el ataque desde el amanecer; las tropas ecuatorianas escasas en numero y armas hicieron temblar la poderosa línea del general peruano Ureta, cuyos hombres desertaban y corrían. El enemigo empleó todos los recursos; los puestos ecuatorianos callaron, sin munición la tropa iba replegándose; en ese movimiento el pelotón comandado por el Tnte. Edmundo Chiriboga González del batallón Carchi, se ocupó de la defensa de Chacras y del camino que va hacia Arenillas, con mínima reserva debía resistirse hasta el último momento. El día 25 sonaron los últimos disparos con la única ametralladora que tenían los ecuatorianos  y con los contados cartuchos que guardaban (ecuatorianos); el Tnte. Chiriboga sin doblegarse daba ejemplo a sus soldados, jadeante y enardecido de valor pasó revista a su tropa, preguntó cuantos quedan ¡26 mi Teniente!, contestaron. Al medio día del 25, el Teniente Chiriboga redistribuye a sus pocos hombres, y con 30 cartuchos que informa el soldado Gerardo Carrión se lanza a la última lucha , en efecto, se observa que las tropas enemigas rebasaban Chacras y que el nido del Pelotón Chiriboga había sido atrapado; a su espalda vomitaba plomo un tanque liviano peruano, se acercaba una fuerza inmensa, no había más que resistir en el puesto; un peruano le intima a Chiriboga a que se rinda, pero él con su mirada y lleno de coraje contesta. ¡Cobardes, miserables. Pueden asesinarnos que los ecuatorianos jamás se rinden! Y aún quedan, menos que los dedos de las manos, las últimas balas de la epopeya.... Hay que exterminarlos, grita Chiriboga; tres o cuatro fusiles apuntan desde su nido a la tropa peruana y algunos invasores caen de sus filas; la ira aumenta en este lado ; en el lado ecuatoriano ronda la muerte, pero junto a ella están la gloria, la inmortalidad, la imagen de la Patria... está a punto de sucumbir, Chiriboga dice a sus soldados la última arenga. "Hemos cumplido nuestro deber... En ese momento final, saludamos a la Patria. !VIVA EL ECUADOR! Y con una exclamación sonora salpicada de lágrimas de emoción, contestaron. Y el tableteo de las ametralladoras que vienen desde todas las direcciones. el silbar de las de la fusilería y el crujir de los tanques, convergen sobre la posición de Chiriboga, tras ese batallar viene un silencio eterno; corre sangre a borbotones de los compañeros de martirio y de inmortalidad. Así, interpérrito, con gesto superior, como mueren los cóndores en las cumbres andinas, mirando lo alto, murió el Teniente Edmundo Chiriboga González, llenando de admiración al adversario -cuyos jefes (peruanos) - en gesto de hombría, reconocieron en documentos oficiales la heroicidad y bravura de este gran soldado ecuatoriano, a quien en el momento de sepultarlo en fosa común con los demás soldados de su pelotón, le rindieron honores militares" LA TIERRA EN QUE VIVIMOS.

EL PROPIO ENEMIGO PERUANO RECONOCIO EL HEROISMO DEL SOLDADO ECUATORIANO

   Desocupado ya El Oro por los invasores. en un campo cercano a Chacras se encontró una tumba en cuya cruz de madera manos peruanas habían escrito: 'Teniente César E. Chiriboga González, y 25 hombres de tropa, caídos el 25 de Julio de 1941, en cumplimiento del deber".

  Era el homenaje de los propios soldados contrarios, en reconocimiento al valor y patriotismo de ese grupo de valientes ecuatorianos.

  Por averiguaciones hechas en los alrededores y la versión de un soldado peruano del 5to, de Infantería, se supo de la actitud de ese puñado de héroes ecuatorianos.

Un pequeño grupo de 26 soldados ecuatorianos al mando del Tte. Chiriboga se enfrentaron a un muy superior número de peruanos y combatieron hasta disparar el último cartucho. Ya sin municiones, les intimidaron rendición: "Ríndanse todos, entreguen las armas y griten Viva el Perú", fue la orden recibida, pero Chiriboga contestó por sus hombres: "Los ecuatorianos no se rinden. Viva el ECUADOR!!! Mil veces muera el usurpador Perú".
Enfurecido el jefe del Regimiento 5to, de Infantería, ordenó ametrallarlos hasta que no hubiera sobrevivientes.

Por los restos encontrados en la sepultura, se supo la nómina de los valientes: Junto a su heroico Teniente Chiriboga, habían caído avivando su patria los 

Cabos 2do. :

  • Alberto Almeyda lnvaquingo, 

  • José F. Rosas Cholacar y 

  • Luis M. Tobar Jiménez 

los soldados : 

  • César Logroño Estrella, 

  • Víctor M. Ruiz Hunda,

  • Manuel Vaca Arias,

  • José H. Herrera Alvarez,

  • José E. Recalde Hidalgo.

  • Angel M. Acosta,

  • Víctor M. Pérez,

  • Manuel Castro,

  • Manuel M Rivera Arce, 

  • Angel M. Villafuerte Balladares,

  • Segundo A. Rodríguez Mejía, 

  • Jaime Castro Paredes.

  • Manuel A. Terán Jácome,

  • Segundo Pablo Cruz y 

  • Juan Reascos Paz.

Ni uno solo de ellos quiso avivar al país invasor de su patria.

 

Personal del Destacamento de "Chacras" junto a la humilde casa que sirvió de cuartel de nuestar tropas. El poblado se componía de diez y ocho construcciones de este modelo. Algunas otras tenían cubierta de teja.

  Es más allá de justo, que el Ecuador haya reconocido su nombre como dechado de virtudes morales y cívicas como ejemplo y paradigma de las futuras generaciones tanto civiles como militares; colegios, escuelas, avenidas y calles llevan su nombre. El Gobierno como homenaje póstumo confirió el ascenso a capitán Post Mortem a este ilustre riobambeño, inmortalizándolo.

 

Biografía DEL TENIENTE ECUATORIANO EDMUNDO CHIRIBOGA

CAP. CESAR E. CHIRIBOGA. Busto con el que la ciudad de Riobamba rinde homenaje a la memoria de uno de sus más notables hijos: El héroe nacional Cap. César Edmundo Chiriboga G.

 El Teniente César Edmundo Chiriboga nació en Riobamba, fué un distinguido oficial que apenas salido del Colegio Militar fué destacado al batallón "Andinos Cayambe". del Oriente. Estuvo de guarnición dos años en el llamado "Infierno Verde", de Río Corrientes desempeñando una delicada misión que fué reconocida por el Gobierno y el Ejército cuando el 30 de Agosto de 1940 se le impuso la Estrella de Abdón Calderón" de 2da. Clase y ascendido al grado superior. De inmediato fué destinado el Batallón "Carchi" donde encontraría el camino de la Gloria.
Tras su muerte, fué ascendido y condecorado con la Estrella Abdón Calderón" de Primera Clase.

 

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  Era el David heroico ecuatoriano, amante de la paz y que confiaba en la hermandad americana, que se enfrentaba al Goliat poderoso, al Caín peruano, que con toda premeditación había preparado el ataque.

La Epopeya del Sur fue una fragua de héroes ecuatoriano y una horda de cobardes montoneros peruanos. 

Pero cuando mas ha sobresalido esta permanente vocación a la heroicidad de nuestro Ejército, fue cuando debió enfrentar al invasor del sur en los aciagos días de Julio de 1941.

 Es ilógico y estúpido pensar que un ejército de 2000 (dos mil) hombres (ecuatorianos) hayan inicialmente provocado a un ejército de 30.000 (treinta mil) hombres (peruanos), que además poseían una superioridad en armamento.

 Los ecuatorianos no teníamos ni siquiera suficientes municiones; la aviación militar ecuatoriana, prácticamente era nula. Cómo !, se puede pretender una agresión sin aviación ?!!!!

Entonces, como peruano, puedes creer que nosotros iniciaríamos el conflicto del 41 ?, no seas torpe, peruano engañado por tus gobernantes y militares.

 El Perú entonces tendría que preparar una coartada, un juego sucio, como es su tradicional costumbre incásica heredada,  para hacer aparecer ante el mundo a los ecuatorianos como los agresores. Esta patraña peruana de que ellos fueron primeros los agredidos es un insulto a la inteligencia humana, un insulto a la aritmética y a la lógica. Solo el propio pueblo peruano lo cree y es engañado por los cuentos de sus gobernantes y militares. La gente de resto del mundo, no es tonta.

 Un peruano en su página WEB dice el siguiente párrafo  (aunque oculta su vergüenza de lo cometido por sus abuelos, cambiando la cantidad de soldados de ambos lados) :

 "Al momento de iniciarse la guerra Perú es militarmente mucho más fuerte que Ecuador. El ejército peruano tenía 15000 efectivos bien armados y entrenados frente a los 4000 soldados ecuatorianos los cuales, en su mayoría estaban en Quito protegiendo al gobierno Ecuatoriano de un posible golpe de estado contra la dictadura del presidente de origen guayaquileño: Arroyo. La marina y la aviación militar peruanas tenían dominio total debido a la práctica inexistencia de sus contrapartes ecuatorianas."

esa pagina peruana es http://www.geocities.com/illapaec/operaciones/uno.htm en la parte que esta bajo el subtitulo 1941.

 

EMBOSCADA DE BRAMADOR

"El Detonante del inicio del conflicto de 1941"

LOS SOLDADOS NARVÁEZ Y CORONEL, PRIMERAS VICTIMAS DE LA INVASIÓN

El hecho se produjo cuando 2 soldados ecuatorianos patrullaban la frontera en el sitio denominado Bramador, en la provincia de El Oro, y un grupo de paisanos peruanos pasaron sin documentos a este lado; la patrulla los obligó de palabra, a regresar y los acompañó hasta la línea demarcatoria. donde fueron sorprendido por una fuerte dotación de la Guardia Civil de Tumbes que los atacó. Ambos valientes, a pesar de la diferencia numérica, no retroceden y mueren en combate.

  Los peruanos prepararán minuciosamente el ataque concentrando en la frontera fuerzas muy bien equipadas. con el respaldo de artillería pesada y de la aviación

  Su estrategia consistía en provocar a los soldados ecuatorianos para aparecer ante el mundo que ellos hablan sido los agredidos.

  El hecho se produjo cuando los soldados Segundo David Narváez y Francisco Arturo Coronel patrullaban la frontera en el sitio denominado Bramador, en la provincia de El Oro, y un grupo de paisanos peruanos pasaron sin documentos a este lado; la patrulla los obligó de palabra, a regresar y los acompañó hasta la línea demarcatoria. donde fueron sorprendido por una fuerte dotación de la Guardia Civil peruana de Tumbes que los atacó. Ambos valientes, a pesar de la diferencia numérica, no retroceden y mueren en combate.

   Narváez y Coronel fueron las primeras víctimas de la agresión peruana; el primero, hijo de la provincia del Carchi, el 3 de Julio había cumplido 26 años y con este motivo escribió a su esposa; "Sabes. Negrita, que me encuentro en Huaquillas y la situación es algo crítica; estamos de hoy a mañana a reventar, porque los peruanos nos tienen ofrecido darnos bala, así es que esperamos el ataque. Los peruanos tienen 13.000 hombres y nosotros muchísimo menos, quizás lleguemos a mil; claro que somos pocos, pero tenemos la moral bien sentada y los peruanos nos tiemblan. pero, sin embargo, son trece mil. en fin, no hay mas que resolverse a morir"

Emotiva carta de un joven soldado ecuatoriano que recién formaba un hogar pero. ante la inminencia de la lucha, ponía desde ya su vida al servicio de la Patria.

Su compañero. Francisco Arturo Coronel. caído también heroicamente en la emboscada de Bramador, era apenas un adolescente.

Estos dos jóvenes que no dieron la espalda a un enemigo inmensamente superior son una muestra de lo que es en si el soldado ecuatoriano.

Era el 5 de Julio de 1941.

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ACCIONES VICTORIOSAS ECUATORIANAS  DE POROTILLO Y DE PANUPALI POROTILLO

Ocupadas por los peruanos, ya en gran parte las provincias ecuatorianas de Loja y de El Oro, las tropas peruanas planificaron orientar su avance hacia Cuenca (ciudad ecuatoriana), utilizando el eje PASAJE-UZHCURRUMI - GIRON- CUENCA.

Para poner en ejecución la etapa preparatoria, dispuso el mando peruano que un escuadrón del Regimiento de Caballería No 5, que estaba acantonado en Pasaje, realizara reconocimientos del puente de Uzhcurrumi -considerado punto crítico de importancia y controlara la vía Pasaje-Cuenca.

Un pelotón peruano, al mando del capitán Alfredo Novoa Cava, salió de Pasaje a las 05hOO del 11de septiembre de 1941.

Conocedores de este movimiento, un pelotón ecuatoriano del grupo "Yaguachi, una fracción del batallón "Jaramijó" y alícuotas del batallón de ingenieros "Montúfar" planificaron ejecutar una emboscada.

Dispuesto ya nuestro personal en lugares estratégicos, esperó pacientemente la llegada de la columna peruana. A las 11h3O, aproximadamente, aparecieron los elementos de seguridad del grueso de la columna del capitán Novoa Cava.

De acuerdo con lo planificado el capitán Mogrovejo los dejó pasar para después, cuando el pelotón peruano fuese atacado, taponar la posible vía de escape. Cuando la columna del capitán Novoa entró en la zona de aniquilamiento, el capitán Julio Cabrera dio la señal de abrir fuego. Una lluvia de proyectiles hizo impacto en los soldados peruanos, aniquilándolos de contado. Los despavoridos sobrevivientes que pretendieron huir por donde llegaron fueron dados de baja por el personal del capitán Mogrovejo, que ocupaba posiciones dominantes y camufladas.

La acción duró aproximadamente 15 minutos, pero fue suficiente para que el pelotón peruano fuese aniquilado por completo. El sargento Emiliano Tapia Díaz, que logró salvarse de la masacre, fue hecho prisionero y posteriormente enviado a Cuenca.

Por nuestra parte, en esa batalla, nosotros los ecuatorianos no tuvimos ninguna baja.

FUENTE : http://www.fuerzasarmadasecuador.org/espanol/historia/conflictos1941.htm

 

TENIENTE HUGO ORTIZ GARCES :

"El soldado ecuatoriano no se rinde ante el número"

SUBTENIENTE HUGO ORTIZ GARCES, ASCENDIDO POSTMORTEN A TENIENTE

  Entre los héroes de que nos habla la historia de nuestra patria, hay algunos que, después de una corta juventud pasada en la inactividad y el anonimato, se levantan y se lanzan al mundo con dinamismo infatigable para no descansar nunca, y a fuerza de concentrar sus energías encontrar el camino adecuado para sus hazañas.

Uno de estos héroes fue Hugo Ortiz Garcés, quien nació en la ciudad de Guayaquil el 5 de agosto de 1920, hijo del Sr. Angel Ortiz Montúfar y de la Sra. Victoria Garcés Salazar.

Tenía seis años de edad cuando quedó huérfano de padre, por lo que su madre lo llevó a vivir a Quito donde realizó sus estudios: La primaria en la Escuela Fiscal de Niños García Moreno y la secundaria en el Colegio Militar Eloy Alfaro. ", llegando a ser Brigadier Mayor del plantel.

En junio de 1941, al iniciarse la cobarde y traicionera invasión peruana a nuestros territorios  fue designado a un pequeño puesto del Sur Oriente, a orillas del rió Santiago, el que consistía en un terreno o desbrozado, una choza de caña, el Subteniente Ortiz y 7 soldados; Se prepararon para la defensa cavando trincheras junto al rancho que servía de cuartel y residencia a su pequeño destacamento

Un fuerte destacamento peruano que subía por el Marañón les intimidó rendición al amanecer del 2 de Agosto. A lo que Ortiz le respondió con una esquela, que decía escuetamente: "El soldado ecuatoriano no se rinde ante el número". En seguida reúne a sus siete hombres, les habla de la Patria y de su resolución de luchar hasta la muerte "Contra cuantos vengan y contra cuantos sean".

Los peruanos tienen que replegarse en el primer ataque ante la furiosa oposición de los ecuatorianos, acusando algunas bajas. Tratan los enemigos de cercar a los nacionales, pero las descargas de éstos les impide completar el cerco. Ciento de fusiles y varias ametralladoras lanzan sobre ellos miles de proyectiles. A los pocos minutos los peruanos hacen una pausa confiados que no quedan ya ecuatorianos, pero aún dos o tres fusiles disparan y Ortiz repite la frase que escribiera, ahora con su propia voz: 'Los ecuatorianos no se rinden ante el número". De nuevo suenan las ametralladoras y los cientos de fusiles y las balas barren la pequeña guarnición; Ortiz aún vive y dejando la trinchera descarga su pistola contra el enemigo, que lo abate con ráfagas de ametralladoras.

Los peruanos encontraron los cuerpos, del Subteniente Ortiz, de uno de su clase y de cuatro soldados.

Habían luchado hasta la muerte contra 200 hombres con 10 ametralladoras que disparaban un mínimo de 600 tiros por minuto cada una de ellas.

En el parte escrito por Ortiz antes del combate, se lee: "...sin embargo, el Comandante y todo el personal del Destacamento de Santiago (7), resistirá hasta el último instante, sean cuales fueren las circunstancias, cualquiera que fuere la acción del enemigo, entregando así la vida" 

Allí, en el sitio llamado Gapizún, a orillas del río Santiago, el oficial peruano sólo encontró desolación y muerte, pero un olor a heroísmo se respiraba en el ambiente. Entonces, como un homenaje de admiración a su valor, el peruano ordenó a sus soldados que el cadáver del subteniente Ortiz sea envuelto en la bandera ecuatoriana y enterrado en las llanuras de Cusumaza, donde admirados le rindieron merecidos honores militares.

En octubre de 1943 sus restos fueron recuperados y trasladados a Quito, donde fueron recibidos por una comisión de la Cámara del Senado (se llama ahora: Congreso) que le rindió honores de héroe. Poco tiempo después, el gobierno nacional lo ascendió post-mortem al grado de Teniente y le otorgó la «Estrella Abdón Calderón» de Primera Clase, que fue recibida por su madre.

Años mas tarde se creó, en su homenaje la Guarnición militar llamada "Teniente Ortiz", en la selva amazónica; que en 1995 en la guerra del Cenepa, se encontraba en la zona de disputa con el Perú. Por lo que allí se realizaron cruentos combates.

Una noticia positiva es que en 1998, nuestra guarnición militar "Teniente Ortiz", no pudo ser usurpada ni entregada al Perú, ya que quedo bajo nuestra ganada soberanía (un bien entre tantas injusticias).
 

TNTE. HUGO ORTIZ

«.... Y en los amaneceres de oro y en las noches sonoras plateadas de luna, en tu destacamento entre el Santiago y el Yaupi, tu seguirás viviendo eternamente, deteniendo al invasor»

 

Sra. Victoria Garcés de Ortiz, madre del héroe.

 

LOS BRAVOS DEL BATALLON CARCHI.

   El viento tenue empujaba suavemente las matas del extenso tabacal, y las anchas y robustas hojas despedían un aroma provocador. El día caluroso avanzaba hacia el cenit, y del suelo salía un vaho tibio. A lo lejos sobre obscuros bosques, se formaban nubarrones grises, dispersos en el fondo azul de la atmósfera. Lo demás estaba quieto, como la calma que precede al ocultarse el sol. Detrás de una quinchua que circundaba una parte del tabacal, se levantó cautelosamente un casco y luego asomó un soldado, que lanzó al frente una mirada de lince.

¿Están concentrándose? - preguntó el Sargento Primero Francisco Vinueza.

Si mi Primero, - contestó el soldado. Y parece que van a repetir la de ayer

Bueno, entonces venga acá Sargento Vitac, - repitió el Primero dirigiéndose al que espiaba. Escurrite por allí y avanzá hasta unos trescientos metros al costado derecho, fíjate si hay avanzadas enemigas y regresa a darme el parte.

Muy bien, mi Primero, - cotinuó el Sargento Julio Vilac arrastrándose entre las matas de tabaco con el fusil en preventiva.

Después el Primero Vinueza, llamó al Cabo Alberto Almeida y le ordenó:

Cojé cinco hombres y corréte a la izquierda unos cincuenta metros y esperá las señales convencionales.

Entendido mi Primero, - dijo el Cabo obedeciendo la orden.

Esos hombres uniformados que estaban ocultos en el tabacal, eran veinticinco soldados del Batallón "Carchi", que cuidaban la posición de la Isla 'La Delicia", situada entre los dos cauces del río Zarumilla. El calendario del año marcaba el 25 de julio de 1941, y desde días antes los peruanos habían iniciado varios ataques sorpresivos a los reducidos destacamentos ecuatorianos, que defendieron sus puestos con un valor digno de las gloriosas tradiciones de nuestra Historia. El pelotón estaba alerta y en toda la noche no habían pegado los ojos. Un pedazo de raspadura y otro de queso, sirvieron de sustento en más de treinta horas de continua vigilancia.

Allá al frente hay gentes como hormigas, - dijo el Sargento Vinueza, acomodándose el casco y mirando al Soldado Moya.

Así veo mi Primero, - contestó el Soldado

Pero no importa. Fíjate como está de tranquilo mi corazón, -prosiguió el Primero, llevando la mano del Soldado sobre su pecho. Y continuó: Ya nos atacaron ayer y anteayer, y no pudieron desalojarnos y eso que eran mucho más que nosotros. Y si ahora nos atacan, les responderemos lo mismo,, porque no podimos dejarnos matar así no más...

Así es mi Primero; pero lo que yo me admiro es que en seguida saben dónde estamos y cuántos somos, como si alguien les avisara, - explicó el Soldado Juan Moya.

Yo si comprendo cómo es esta jugada. Vos sabís que esta isla es de un alemán que muere por ellos y ya podís imaginarte quién les da los datos. Y con que el gringo ponga la bandera con esa cruz chueca se acabó el cuento, . dijo el primero.

Eso es mi Primero. Y como los alemanes se llevan bien con los japoneses... ¡Ya, ya! ¡Ya sé mi Primero! - exclamó el Soldado Moya

La conversación a media voz iba a seguir, pero el silbido de un disparo la interrumpió.

¿No te dije? - pronunció el Primero Vinueza. Ya empiezan los "huayruros' y parece que ni ahora vamos a comer las papas con cáscara que nos ofreció el cocinero.

Y lo peor es mi Primero, que si esto dura como ayer, las papas estarán ya frías y pueden darnos cólico, - explicó el Soldado Moya. 

¿Oíste el silbo? - preguntó el Primero Vinueza.

Si, mi Primero. Es el Sargento Vilac que regresa, - dijo un soldado.

Sí, él es. Pero el bandido cómo silba igualito al huiragchuro, ¿no? - continuó el Primero.

Y después de pocos minutos, el Sargento Julio Vilac asomó arrastrándose como gato por el tabacal. La frente tenía lastimada y unas pequeñas gotas de sangre le caían sobre un ojo.

¿Qué te pasó?- le preguntó el Primero con alguna preocupacion.

Nada mi Primero. Fije sólo un espino de una rama, - respondió el Sargento Vilac.

¡Ah! Bueno. Yo creí que te habían pegado. ¿ Y no hay nada? -continuó el Primero.

Por este lado no hay enemigos mi Primero. Recorrí todo el sector y los centinelas nuestros, me dicen que el grueso de los peruanos está por aquí - indicó el Sargento Vilac.

¡Ah! entonces, arregló rápido la pieza para detenerles, porque ya empiezan a dispararnos, - ordenó el Primero.

En seguida mi Primero, - respondió el Sargento Viiac sacando rápidamente unas cuantas cintas de balas.

De pronto el oído fino del Sargento Vilac percibió varias señales dadas por el enemigo con pitos. Y después las líneas peruanas arrojaron feroces ráfagas de metralla y cargas de artillería.

Esos se entienden con señales de pitos, - dijo el Primero Vinueza. Pero ya conocemos qué quieren decir. Nadie dispara todavía. ¡Esperemos que se acerquen! - añadió.

¿Qué hora es mi primero?- preguntó el Sargento Vilac.

 La una de la tarde, - respondió el Clase mirando su reloj de pulsera.

Los soldados del pelotón del "Carchi" estaban quietos tirados en el suelo. Cada uno ansiaba el momento de contestar los fuegos y conservaban los fusiles listos a vomitar plomo. Al costado izquierdo donde estaba el Primero Vinueza con su pelotón, se oyó una descarga y luego una ametralladora que accionaba con furia.

Esos son los nuestros mi Primero, - indicó el Sargento Vilac.

Sí es la escuadra del Sargento Segundo Andrade, asintió el Primero Vinueza. Y luego apretándose la correa del casco, -repuso:

¡Muchachos! ¡Allí vienen los "huayruros"! ¡Fuego muchachos!

Y los fusiles ecuatorianos tronaron en la hondonada, estrellándose sus proyectiles en los cuerpos de los peruanos que intentaban avanzar. El Sargento Tobar del "Carchi", fue uno de los primeros que como un león salió al encuentro de los invasores. Las ráfagas pasaban volándole pedazos de la blusa y del pantalón. Una bala resbaló por el casco, pero el Sargento continuaba entrando hacia el campo enemigo. Cada disparo que hacía era un peruano menos, y en cada paso que avanzaba cargaba una alimentadora en la caja del fusil. En vano los peruanos le dirigían cargas cerradas; las balas parecía que no querían acabar con la vida de ese heroico ecuatoriano. Los "huayruros" optaron entonces por cercarle con un movimiento rápido, y lo consiguieron. Un oficial peruano trató de agarrarle por el cuello. El Sargento Luis Modesto Tobar se puso a la defensiva y le cargó con un tornillazo echando al peruano al suelo. Otro quiso dispararle apuntándole a la cabeza, pero el ecuatoriano se adelantó descerrajándole una bala. La lucha de uno contra tantos, atrajo la atención de ambos lados y se suspendieron los fuegos en ese sector esperando el final. El Sargento Tobar en un instante caló su bayoneta y era emocionante ver cómo esgrimía su arma con una asombrosa seguridad. Los peruanos caían haciéndole un semicírculo de cuernos ensangrentados y de heridos con los ojos desorbitados, y avergonzados por la tremenda resistencia del Sargento ecuatoriano, arremetieron en masa dejándole imposibilitado para la defensa, porque le cogieron por los brazos y le desarmaron. Enseguida le cargaron a puntapiés y culatazos, en forma que crispaba los nervios de indignación.

¡Suéltenle! - gritó con rabia el Primero Vinueza.

¡Suéltenle cobardes! - clamó el Sargento Vilac. ¡Así no se hace a un valiente!

¡Pero los 'huayruros" como una contestación digna de ellos, le terminaron clavándole los yataganes por la espalda y abandonándole hecho pedazos en un charco de sangre! Y con la muerte del Sargento Tobar, se anotó un hecho más del legítimo heroísmo ecuatoriano y de la barbarie de los usurpadores, barbarie que ellos también llaman "heroísmo".

No esperaron más los ecuatorianos. La sangre de un hermano asesinado enardeció su coraje y ciegos de venganza se lanzaron al ataque.

¡A la bayoneta muchachos! - ordenó el Sargento Vinueza.

¡Soldados del "Carchi'?, calar bayoneta y al asalto! - gritó el Sargento Vilac.

¡Al asalto! ¡Al asalto! - contestaron furiosos los ecuatorianos.

El Sargento Vilac con tres compañeros avanzaron con una ametralladora. Lo mismo hizo el Cabo Alberto Almeida. Las descargas peruanas semejaban cortinas de fuego y su artillería retumbaba a cada instante. Una ráfaga voló la mano derecha del Cabo Almeida, pero él siguió adelante, animando a los de su escuadra. Otra ráfaga le arrancó la otra mano y un minuto después, cayó desangrando. Los soldados ecuatorianos no reparaban en el número superior de los peruanos y sus fusiles estaban quemando de tanto disparar. Las bajas del enemigo crecían a cada momento y en media hora de combate, quedaron muertos más de ciento cincuenta agresores, correspondientes al Regimiento "Indiana

Al lado del Sargento Vilac cayó atravesado por una bala el Cabo Victor M. Ruiz y luego fue herido el soldado Guerrero; pero nada detenía la impetuosidad de los bravos del "Carchi". Y llegó el choque. Las bayonetas de los ecuatorianos se multiplicaban ensartando los cuerpos de los "huayruros', que rodaban en sus propias trincheras. Se oían golpes secos, gritos desesperados y otros de coraje. Se veían caras endemoniadas y otras lánguidas y aterrorizadas. Por todas partes el suelo estaba manchado de sangre, y a veces los montones de cadáveres dificultaba accionar a los ecuatorianos. 

De un pequeño chaparro, de improviso salió un peruano y se encaró al Sargento Vilac.

Grita "Viva el Pelú" - le dijo, apuntándole con su fusil.

El Sargento Vilac, en un movimiento veloz, se agazapó como un tigre y de un salto se agarró al desafiante. Ambos rodaron sobre unas matas de tabaco, y empezaron a luchar a muerte. El peruano en un rato de descuido del Sargento, le cogió por la garganta clavándole los dedos para dominarle. Ya parecía perdido, cuando el Sargento se esforzó y mordió furiosamente la mano del opresor. El dolor le hizo aflojar, y el Sargento Vilac aprovechó de ese instante para darle un tremendo puntapié en el estómago, arrojando de espaldas al "peruano". Luego se levantó, se apoderó del fusil con rapidez y amenazándole con bayoneta calada, exclamo:

¿ Con que sois japonesito, no? Y gritas: Viva el Pelú, ¿ no? ;

Ríndete o te mato! - concluyó el Sargento Vilac.

Pero el japonés se paró con rapidez e iba a dispararle con una pistola que sacó del bolsillo del pantalón. El Sargento Vilac no le dió tiempo y en menos de lo que se puede pensar, le descargó un terrible tornillazo partiéndole el cráneo y matándole de contado. Una masa gris manchó la blusa del Sargento, que despreocupado ya de ese incidente, siguió imperturbable buscando contendores. Comenzó el desbande del enemigo, y momentos después los ecuatorianos quedaban de dueños del campo. El Sargento Vinueza entonces, colocando su casco en la punta del calibre de su fusil lo levantó bien alto y gritó:

¡ Viva el Ecuador muchachos! ¡ Viva el "Carchi'?

Y como la explosión de un volcán un "viva" de todo el pelotón resonó en el sector de la lucha.

Soldados del Batallón Carchi. En segundo lugar el Sgto. 2º Julio G. Vilac (+) .

El reloj apuntaba las cinco de la tarde. De nuevo vino una aparente calma. A lo lejos sonaba todavía uno que otro tiro, de los peruanos que huían por los matorrales. En el terreno quedaban cascos, unos cuantos canastos lanzabombas, fusiles y sinnúmero de vestigios del combate, dejados por los invasores. Los soldados ecuatorianos no se fiaron sin embargo de ese descanso que no era definitivo. Hicieron un recuento de sus pertrechos y de sus hombres, y vieron que ambos estaban escasos. Calcularon después las tropas numerosas de los peruanos. Consideraron que era inútil la resistencia y se prepararon a la retirada. Efectivamente, media hora después, un bombardero enemigo voló sobre sus cabezas, arrojándoles bombas, dirigiéndose en seguida a bombardear Chacras. Casi al mismo tiempo, miles de peruanos asomaron nuevamente en el frente. Sus morteros, bombas de mano, artillería y fusiles reiniciaron el ataque. A Cada ecuatoriano tendría que batirse por lo menos contra cien adversarios. Con todo resistieron, luego de causar más bajas a los usurpadores, retrocedieron lentamente cuando el crepúsculo de la tarde enseñaba arreboles rojos en el horizonte.

Y cuando entrada la noche, los heroicos soldados del "Carchi" guiados por el Guarda de Aduanas de Balsalito atravesaron los montes y se dirigieron a Arenillas, mientras una inmensa llamarada indicaba que Chacras había sido incendiada por los invasores.

Y así los soldados de mi Patria, defendieron de pedazo en pedazo el suelo ecuatoriano, presentando al enemigo nada más que sus pechos pletóricos de patriotismo.

 

REFLEXION: Leyendo el libro "Pueblo y soldados de mi Patria" y otros libros de relatos patrios,  me doy cuenta que hordas de cobardes fueron los peruanos, ya que al invadir las provincias de El Oro, Loja se encontraron a su paso con mujeres y niños a quienes los mataron (Me resulta tan repugnante, atroz, increíble el  imaginar lo que hicieron estos miserables, engendros del demonio).

 Violaron mujeres, fueron montoneros, Fueron tan cobardes que se probó una vez más que de hombre a hombre ellos siguen siendo las "gallinas de siempre".

Tan cobardes de siempre, que utilizaron a militares mercedarios  japoneses en su invasión y fechorías.

Actuaron a la salvaje usansa japonesa !

El soldado ecuatoriano nunca se topó con una mujer o niños peruanos, ya que el nunca invadió al Perú y así se topase jamás mataría a una mujer, peor aún a un niño, (eso ni siquiera se piensa).

Por eso un hombre ecuatoriano vale más que el peruano, lo hemos demostrado siempre, ya que hemos de pelear con ellos en desventaja. (De ahí el alias de León para el militar Ecuatoriano y el de Gallina para el Peruano)

Trataré en un futuro de transcribir más fechorias de los peruanos que se encuentran en este libro, que me dejan perplejo.

Pero también existen hazañas de valor y amor a la patria de los ecuatorianos que una vez más me hacen orgulloso de ser ecuatoriano. Y leeras relatos donde:

Los "caínes americanos" (peruanos) habían derramado sangre hermana, ¡y los bravos de mi patria, el Ecuador, volvieron a enseñar su corazón de héroes!

Quien les escribe es un ecuatoriano civil, que ha tenido parientes militares, uno de ellos fué mienbro activo durante el conflicto y gracias a Dios no falleció. No me auspicia nadie el hacer estas páginas WEB, mi objetivo es dar un grano de arena a mi patria, que nunca confiemos en el Perú pese a los supuestos tratados de Paz definitivas, que dejemos de ser cándidos y desmemoriados. Que circule por el internet un clamor de justicia por las desventuras que nos ha causado el caín de america (Perú), cuyo militarismo peruano siempre ha engañado a su población civil peruana.

Me impulsa mi  corazón, el cual guarda  un enorme amor hacia mi patria y quiere que en un futuro, las nuevas civilizaciones ecuatorianas, ahún cuando yo físicamente no exista, vehan a su Ecuador Grande y Amazónico, como lo que por justicia le corresponde

Si deseas hacer algún comentario escribe al Autor:  nacionalista_e@hotmail.com

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Luis Aníbal Mendoza,        Derecho Territorial Ecuatoriano

Guillermo Noboa,               Pueblo y Soldados de mi Patria (Biblioteca del Ejército ecuatoriano)

Spes                                    Atlas Geográfico Universal y de la República del Ecuador

José Antonio Rojas B. / Policromos    Album Héroes de la Patria y sus Gestores

Fotos obtenidas de la Pagina WEB peruana: http://www.geocities.com/illapaec/operaciones/unob.htm

Fotos obtenidas de la Pagina WEB peruana: http://www.geocities.com/illapaec/operaciones/uno.htm

LEASE

http://www.fuerzasarmadasecuador.org/espanol/historia/conflictos1941.htm

 

VEASE :

PRENSA DE LA INVASION PERUANA DE 1941  

 

VIDEOS DE LA INVASION PERUANA DE 1941

El avión  peruano NA 50 era el mejor avión de la CAP al momento de la guerra contra el Ecuador.

 

 

 

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Acotación

En los institutos militares ecuatorianos y en todas las actividades cotidianas de esa institución se mantiene vivo el recuerdo de la desmembración territorial del Ecuador, causada por la ocupación contumaz que realizó el Perú de la amazonía ecuatoriana, prevalido de su poder militar absolutamente desproporcionado en relación al de nuestro país y la confianza que se le tuvo.

En la conciencia de los militares  ecuatorianos se ha creado la determinación de que, ese avasallamiento, jamás debe repetirse y para eso trabajan arduamente en el fortalecimiento de la defensa nacional. Están conscientes del poder material y numérico de las Fuerzas Armadas del Perú y de ninguna manera lo subestiman; pero tampoco los paraliza el temor.  

Esta determinación de los militares ecuatorianos, ha dado como resultado que  la calidad del entrenamiento del soldado ecuatoriano y su valor  es superior a la cantidad de armas y soldados  peruanos usurpadores, montoneros. 

En el año 1995 se hicieron palpables estos resultados, cuando los ecuatorianos ganamos la Guerra del Cenepa al Peru ( en la zona de Inejecutabilidad del Protocolo de Rio de Janiero se produjo un Conflicto Belico) .

El total de naves aereas peruanas derribadas por el Ecuador en el anio 1995 son 7, que son : dos aviones supersónicos Sukoi, un avión subsónico A-37, 4 helicópteros perúanos . El Ecuador solo tuvo una averia y un accidente en sus flotas . Vea luego la página http://webnacionalistaecuador.8m.net/derribo_de_sukois_peruanos.htm 

 Pero lastimosamente las negociaciones de Paz, en la que intervinieron los Paises Amigos Garantes, se las hace  bajo el marco nefasto del protocolo de Rio de Janeiro de 1942 . Lo Ganado en el campo de Batalla por el Ecuador, se lo pierde en un escritorio de diplomaticos, concretándose esto, con la firma traidora del presidente ecuatoriano Jamil Mahuad.

Nosotros los ecuatorianos que mantuvimos estos territorios,  entre ellos Tiwintsa (ya que ganamos todas las batallas a los peruanos), tuvimos que desocuparla. Soldados ecuatorianos muertos en combate, cuya sangre fue derramada para mantener con exito nuestros territorios, que fueron enterrados ahí mismo (Tiwintsa), quedan atrapados bajo la nueva Soberania mal Ganada del Perú.  Actualmente tenemos propiedad en Tiwintsa, como quien ha comprado un terreno en el Perú, no tenemos Soberanía en la misma.)

Pero este terreno y el corredor que conduce al mismo  es perpetuo, jamas puede quitarnos el Perú, con esto implicitamente reconoce el Perú el exito de nuestra posecion efectiva durante la guerra del Cenepa. Y el fracaso peruano al tratar de desalojarnos

Si el Perú intentare quitarnos, como lo andan deseando varios peruanos, seria factor para desencadenar otra guerra. Tiwintsa al ser propiedad perpetua del Ecuador en la soberania regalada al Peru, es como un Moreton Perpetuo en el ojo del peruano, que siempre le recordara su derrota militar en la Guerra del alto Cenepa 1995.

En 1995 se monto un engaño al pueblo peruano, montado por una pantomima en la que aparecio en TV durante la guerra del CENEPA el presidente peruano Fujimori dizque bañándose en la Cueva de los Tayos y proclamando posesion de los Tayos. Falso. 

Este engaño y pantomima de baño en un Río casi le cuesta su vida ante el fuego de artillería de los lanzadores múltiples de los BM 21 ecuatorianos.

Esta lucha no esta terminada, pese a una la nueva Paz Indigna para el Ecuador de 1998. Terminara cuando el Perú nos devuelva los Territorios que Teníamos antes del Prtocolo de Rio de Janeiro, es decir, nos devuelva la selva que ellos llaman Departamento de Loreto y la salida al río Amazonas.

El Ecuador es, ha sido y sera País Amazónico

 


 

 

 

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